*“Ella es mis oídos y yo soy su vista”
El amor enseña a escuchar con el alma y a mirar con el corazón. Así lo han demostrado Isabel Tapia Solano y Arcadio Obregón Palacios, una pareja que, pese a enfrentar la pérdida de la vista y del oído, ha encontrado en el apoyo mutuo la fuerza para seguir caminando juntos. Lejos de ser un obstáculo, estas circunstancias los han llevado a complementarse y a fortalecer un vínculo que los unirá en matrimonio este 13 de febrero, durante las bodas colectivas.
La historia de Isabel y Arcadio comenzó hace algunos años en el Servicio Nacional de Empleo, donde ella trabajaba como responsable de la bolsa de trabajo y él, ingeniero agrónomo, acudía para gestionar cursos de capacitación que impartía en comunidades de la sierra de Zongolica y municipios cercanos. En ese entonces, el trato era estrictamente profesional y basado en el respeto. Con el paso del tiempo, surgió el cariño y fue creciendo hasta convertirse en una relación sólida que hoy suma 15 años.
Isabel perdió la vista hace nueve años, mientras que Arcadio, comenzó recientemente a perder el oído. En su vida diaria han aprendido a apoyarse en cada detalle. “Ella es mis oídos y yo soy su vista”, expresa Arcadio, mientras Isabel lo considera una bendición de Dios.
La vida cotidiana de Isabel y Arcadio es reflejo de un amor verdadero y trabajo en equipo. Salen juntos a caminar, recorren el centro de la ciudad y se cuidan mutuamente en cada paso. Al cruzar la calle, ella avisa si se aproxima algún vehículo y él verifica el entorno. En casa, comparten las labores domésticas: limpiar, cocinar, ordenar y mantenerse activos. Isabel, firme en su independencia, asegura que vivir con una discapacidad no limita las ganas de trabajar ni de salir adelante.
Cuando Arcadio enfrentó la pérdida auditiva, Isabel se convirtió en su mayor fortaleza. “No pasa nada, yo te voy a apoyar”, le dijo, porque para ella, el amor significa acompañar incluso en los momentos más difíciles, sin miedo ni resignación. “Si yo he vivido años sin ver y aquí sigo, tú también puedes”, recuerda haberle dicho, convencida de que juntos todo es más llevadero.
Ambos coinciden en que el amor no es un juego ni algo pasajero, sino una decisión diaria que se construye con respeto, responsabilidad y entrega. Isabel lo resume con claridad: “El amor debe ser para siempre; ni en la muerte se termina”. Su historia demuestra que, aun frente a las dificultades, la vida puede vivirse con dignidad, ternura y esperanza.
La feliz pareja fue recibida en el Sistema Municipal DIF por la presidenta del organismo, Carolina Mendívil de Alonso, y el oficial del Registro Civil de Córdoba, Martín García Páez, quienes atestiguaron una historia que inspira y confirma que el amor, cuando es verdadero, siempre encuentra la manera de florecer.
En Córdoba, la familia es primero.






















