+Agonicé con tu agonía y con tu muerte me morí. Amado Nervo en La Amada Inmóvil.
Partió al encuentro del Señor cuidada por sus hijas queridas, Marymar, Ximena, Belén y Juan Carlos, quienes la protegieron día y noche en sus 16 días de agonía, donde su cuerpo luchaba y no se rendía, cuando muchísima gente unió sus rezos, por ser una mujer muy querida, por la mejoría de su salud. No se pudo y una mañana cerró sus ojos para siempre y partió rodeada de los suyos, hijos y hermanos, con el calor familiar y la despedida en sus rezos con sus amadas amigas, las monjas orizabeñas. Fue una mujer de gran fe y de bello altruismo. Ayudó a causas muy nobles, de gente necesitada.
Vivía para su familia, sus hijos, nietos y hermanos eran su todo.
Tuve la suerte de encontrarla un día en este camino que Dios guió nuestros pasos y vivir con ella 56 años.
Años muy felices, años de grandes recuerdos. Quiero recordarla así, no en este tiempo hospitalario que desgarró y marcó nuestras vidas, porque aún le quedaban años por vivir, pero Dios quizá la necesitaba con Él.
Hemos derramado lágrimas y le hemos llorado, hemos también tenido momentos felices al recordarla todo el tiempo cuando salíamos de viaje familiar o a convivir.
Se llora su ausencia, pero se agradece los años que vivió entre nosotros.
El alma se desgarra. El cuerpo se atrofia. La mente se nubla. Llegar al sitio donde vivíamos y no encontrarla presente, es algo muy duro y difícil, pero ella siempre me dijo que había que seguir adelante, y eso hacemos ahora todos.
Ayer la visitamos en el panteón orizabeño, donde descansa al lado de sus padres, a quienes tanto amó. Doña Maty Francos de Diez, don Juan Diez Alonso y su hermana Maricruz. Con ellos seguro ahora están reunidos, en espera de que allí lleguemos quienes estaremos un día juntos, celebrando la vida en otro cielo.
Fueron muchas las muestras de cariño y los rezos de gente que siempre te quiso. A todos ellos nuestro agradecimiento familiar.
Maty querida y amada, dejaste un legado de una familia unida, tus hijos seguirán tu ejemplo y tus nietos no te olvidaremos nunca.
En Cristo, nuestro espíritu puede vivir por la eternidad, aunque nuestros cuerpos físicos mueran.
No has muerto, Maty, siempre te recordaremos. Porque tú siempre existes dondequiera, pero existes mejor donde te queremos.
Descansa en paz y desde el cielo, donde te encuentras, síguenos cuidando, seguiremos tu ejemplo y tu camino.
Donde pueda soplar ese viento / Dondequiera que ese río fluya / Sabes que estaremos contigo.
Te amamos por siempre y para siempre.











