*Debate, que algo queda. Camelot.
Estamos a 66 años de aquel debate que hizo que un joven candidato, John F. Kennedy, hiciera morder el polvo a su contraparte, Richard M. Nixon, uno que le aventajaba en todo: experiencia política, marrullería, en todo menos en imagen.
Cuentan los historiadores que Kennedy utilizó las herramientas de su juventud: guapo, joven, majo, bostoniano, ojo-alegre, encamador, daba cuenta ante las televisoras de que sería una sangre nueva en el argot político, como ahora da la imagen Enrique Peña Nieto, con el que todos quieren debatir.
Los que escucharon el debate por radio, juran por sus abuelitas que lo ganó Nixon.
Pero los que vieron la tele, juran y perjuran que Nixon se veía avejentado, sudoroso, apretando aquellito, ruco y flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones.
La televisión llegaba a irrumpir en lo que ya jamás se dejaría, los debates ante las televisoras y radiodifusoras.
Las tres grandes cadenas de TV alistaron sus cámaras. CBS, ABC y NBC enfocaron a los dos y Kennedy salió triunfante.
Ese debate lo vieron 77 millones de personas, el 60 porciento adultas.
Kennedy llegaba totalmente palacio, bronceado porque había estado en California tomando el sol y tirándose a lo que se encontraba a su paso, hablo de las mujeres de su vida, aún no llegaba Marilyn.
El pobre Nixon salía de un hospital, curándose una reuma y un dolor fuerte de rodilla, pálido y demacrado.
No era el primer debate de la historia.
Lincoln ya había debatido con Douglas en 1858, pero no existía ni radio ni TV, lo oyeron los que por allí pararon oreja. Que era casi nadie. Y unos cuantos chismosos.
En las afamadas universidades, como Harvard, hay tratados de cómo debatir. Y los de Lincoln-Douglas, y Kennedy-Nixon, sirven de puntos de referencia.
A LA PRESIDENCIA
Ese debate histórico de Kennedy-Nixon, sirvió para que el senador joven se levantara con la victoria. Estados Unidos vivió un nuevo orden mundial. Sangre nueva llegaba a la presidencia. El charm de Camelot irrumpiría hasta que un fuego cruzado en Dallas cambió esa historia. Aquella mañana de ese 26 de septiembre de 1960, Kennedy llegaba con su staff de irlandeses al foro televisivo, venía abajo en las encuestas, lo sabía. Aún era desconocido senador y cómo le veían joven y católico, desconfiaban de él. Nixon era un perverso marrullero., a los ahora del Tea Party. Si uno ve las fotos o los videos de ese día, Nixon está cabizbajo, pensativo, a lo mejor llegó medio crudo, o crudo y medio. Kennedy firme, derecho en su asiento, la pierna cruzada con estilo. Esa foto da cuenta de cómo era uno y cómo era el otro. La victoria y la derrota en ambas caras.




