Reconciliarse con la propia herencia

Reconciliarse con la propia herencia

Entender cuánto nos han manipulado los gobiernos pasados y presente, para generar una visión histórica de abuso del extranjero sobre el nativo, no es fácil, y menos para un pueblo que no lee y no tiene capacidad de análisis por el escaso nivel educativo de las mayorías.  Los resultados históricos de la prueba Pisa avalan mi dicho. 

Soy descendiente de españoles, como la gran mayoría del pueblo de México.  Y eso lo prueba no sólo el apellido, también lo demuestra el rostro.  Y lo digo, porque tengo muchos conocidos fervientemente anti hispanistas, cuyos rostros son los mismos que podrías observar en cualquier lugar de España, en particular del Norte de España, que nos trajo una migración después del descubrimiento de américa, y la anexión del territorio que hoy es México a la corona española. 

Mis primeros ocho años, estuve muy orgulloso de mis raíces, acostumbrado a comer comida asturiana, sin saber que no era la típica comida mexicana. Aunque también enamorado de los cocteles de  camarón y ostión que llevaba un vendedor ambulante a las afueras de mi casa, o de los deliciosos tamales de cochinita pibil que hacía esa familia yucateca que apoyaba la construcción de la Iglesia a la que asistíamos los domingos, y luego a disfrutar de los platillos que damas ofrecían en venta, para apoyar a financiar esa construcción. 

Pero, resulta que tuve que dejar el norte del país a los ocho años, y venir con el corazón destrozado (estaba yo enamorado de dos niñas con rostro de ángel, de dieciséis años cada una), y venir a vivir a la zona de las altas montañas del estado de Veracruz. 

Terrible shock, los descendientes de españoles, en su mayoría no sabían que lo eran, y la minoría que si estaba enterada, estaba dominada por gente soberbia, presumida, altanera, grosera, exageradamente mocha y chismosa, muy dada a juzgar los ¨pecados de los demás¨, tratando de ocultar los propios.  A mí desde entonces me hacía gracia, que trataban de sesear, o de cecear, en lugar de hablar correctamente distinguiendo la c, la z y la s. Hablan con faltas de ortografía.  Y yo lo sabía porque en mi familia, si se hablaba con distinción y correctamente. 

Al conocer a los descendientes de españoles de tercera, cuarta y quinta generación, que por cierto, poco hicieron para lograr la fortuna que les heredaron sus padres, decidí que yo no hablaría con nadie de mi herencia española, pues a pesar de que había unos cuantos educados, decentes y buenas personas, en su mayoría se consideraban casta divina. 

Si a eso le aunamos la leyenda negra que nos enseñan en primaria, casi daba pena tener ascendencia española, hasta que comencé a leer sobre historia, y pude entender, que como en todos lados, el abuso del poderoso sobre el débil existió siempre, aunque jamás al nivel de abuso de los Mexicas contra todos los pueblos liberados con la grandiosa y digna de celebrar caída de Tenochtitlán.  Allí comencé a entender cómo nos manipularon quienes inventaron la historia de México para beneficio de los gobiernos en turno, desde la independencia hasta la fecha.

 Entendí que mi país había formado parte del imperio más grande hasta ese momento, que los indios se oponían al movimiento de independencia, que la protección a los naturales de la nueva España estuvo establecida en leyes, unos años después de la caída de Tenochtitlán.  Que quienes dañaron y destruyeron el patrimonio indígena más allá de catástrofes naturales inevitables, como la epidemia de viruela y enfermedades que provenían del contacto con animales domesticados, fueron los criollos.  Que a quienes deberíamos de achacarle crímenes contra los indios, fue a los gobiernos desde el de Iturbide hasta el de AMLO.  Y que luchar contra nuestro pasado glorioso, 300 años de historia que construyeron al México del cuál hoy estamos orgullosos, es continuar jugando a la víctima, al sometido, al derrotado, al agachón y sumiso mexicano que tanto daño le hace a la patria hoy en día.

Por ventura en mi último viaje a Europa tuve que estar en silla de ruedas y ser asilado por amigos españoles. En lugar de viajar de un lugar a otro, estar en un lugar, vivirlo, conocer a la gente y a las ciudades. Conocer costumbres, y platicar con la gente.   El resultado fue un cambio radical en mi percepción de español.  El verdadero español nada tiene que ver, en su mayoría con aquéllos que tanto me desilusionaron en mi infancia, hace 59 años.  Aquéllos eran unos acomplejados, tratando de demostrar una superioridad a la que aspiran y jamás obtuvieron.  

El español de hoy es un personaje educado, mucho más educado que el mexicano, y no me refiero solo a aplicar el manual de Carreño, desde el taxista, el mesero, el anciano en la banca del parque, etc., todos son más conscientes de lo que pasa en su país y en el mundo.  Cargan todavía las cicatrices de la guerra civil, de las guerras de religión, de las masacres prácticamente desde que Pelayo inició la conquista del resto del territorio que hoy es España.  Y aun así, su nivel de convivencia es muchísimo muy superior al de México. 

El contraste es brutal, educación al manejar, aplicación estricta de la ley, lucha contra el crimen real no simulada, ciudadanos exigiendo a sus gobernantes, desde el pueblo o villa más pequeño pavimentado sin bache hasta la calle más alejada.  Servicios  municipales de Calidad. Tomar agua de la llave es lo normal.  El salario mínimo está muy cerca de la media nacional de ingreso, así que en su mayoría son clase media, a veces gana más el que compone calentadores que el profesionista godín, pero todos viven medianamente bien.  No como en México donde más de la mitad de la población vive en pobreza. El amor por España se palpa en cada español con el que platicas, amor y orgullo, nada parecido al patrioterismo que sufrimos en este continente.

Allá no les gusta vivir en la mierda como aquí, no dejan sucio lo que otra persona pueda utilizar posteriormente.  Allá todos respetan los derechos de los demás, y sus ciudades son de las más seguras del mundo.    Tienen muchos defectos como todos los seres humanos, pero el español nacido en España es un ciudadano del primer mundo, al grado de que no hubo muertos en su celebración de la copa del mundo.  La sensación de tranquilidad, pero sobre todo, del gozo de vivir es enorme.  Rara vez te invitan a su casa, pero siempre salen a tomar una copa y convivir. Todos los días del año hay fiesta en algún lugar de España y la convivencia siempre es pacífica. 

Vivir unos días en España genera sensaciones ambiguas.  Conociendo la historia y sabiendo que los criollos se independizaron motivados por los ingleses y americanos, con el fin de conservar sus privilegios y aumentar el abuso sobre poblaciones indias (los criollos), y por el otro lado, las potencias extranjeras para apropiarse de recursos y territorios así como debilitar aún más al imperio español, genera tristeza. Ambiciones de personajes que consideramos héroes, como Hidalgo, como Bolívar, como José de San Martín, privaron a las futuras generaciones de Hispanoamérica de un mejor futuro.  

Ver como es y cómo vive el español de hoy, es ver el futuro truncado de Hispanoamérica por sus propios seudo héroes y por la ignorancia de sus poblaciones actuales.     A mí me sirvió para reconciliarme con mis ancestros, y para ver lo que podría ser México si los mexicanos algún día dejaran de ser como son hoy la mayoría de los mexicanos. 

Y no, antes de que me digas que me largue a vivir a España, te respondo: ¿Qué te parece si mejor intentamos alcanzar el nivel de vida que tiene España en esta nuestra américa?  ¡Lo merecen todos los mexicanos! Creo que eso sería la mejor demostración de amor a la patria. 

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