Camina, que algo cuentas. Camelot.
Suelo hacer mis roles a Veracruz a visita médica y a oler ese mar de Agustín Lara y ver esas palmeras borrachas de sol. Ese sol que pega duro y se pone a veces a 33 y suda uno hasta aquellito. Esta vez la autopista sin grandes complicaciones, el tramo Orizaba-Veracruz siempre está en reparaciones donde tapan baches y, por cierto, Veracruz al entrar por la parte del aeropuerto está llena de baches, es cierto que Veracruz es muy grande pero hay que meterle ganas al bacheo, el turismo que llega a veces maldice cuando se cae en un hoyo que parece socavón. En Boca del Río, donde gobierna MaryJose se quejó en su Instagram de que un gandalla pisó el cemento recién tendido en la gran Vía Muerta, allí donde algún día viví unos años y ahora poco llego pero vive mi hermana, vía de gran recuerdo, fue Vía Muerta, me dijo una vez un jarocho ferrocarrilero, porque hasta allí llegaba ese tren de aquellos años, que no era la Máquina 501, la que corrió por Sonora, por eso los garroteros el que no suspira llora.
Calor y llegada a plaza Américas al café don Justo para, con los cuenqueños, mi hermano Enrique, Fernando Pavón, que luce y tiene a una hija corredora que siempre anda ganando premios y José Luis Rico, el amigo que no es rico, pero si lo es y él lo sabe.
Después de componer la historia del mundo en un par de horas, partimos al Akelarre de la calle Tuero Molina, allí en la comida encontré al amigo Luis Arturo Ugalde Álvarez, aquel hombre eficiente que fue secretario particular del gobernador Fidel Herrera Beltrán por 6 años y tiene toda esa historia, también escritor porque hizo un libro sobre la requisa Portuaria en Veracruz, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, iba con sus dos hijos, viudo hace poco, como yo mero, carga también tristeza en su caminar, como a mí me ocurre por doble razón.
LA COMIDA EN AKELARE
Suelo comer una lengua a la veracruzana de campeonato, hay buen clima, porque el calor es perrón, buena atención de los meseros y la comida que el platillo fue igual para los cuatro, con una natilla al final, tipo española de Casa Lucio, donde apenas anduvo Pepe Aranda paseando la gloria orizabeña por ese Madrid, que se antoja ir, pero hay que esperar a que haya juegos y no sean tiempos FIFA para ver al Real Madrid en Bernabéu. Emprendimos la retirada. Busqué enseguida Aquelarre y me fui al Google: Un aquelarre es una reunión nocturna de brujas y brujos para realizar rituales, hechizos y prácticas mágicas.
No fue nuestro caso.
La palabra viene del euskera akelarre, compuesta por aker (macho cabrío) y larre (prado o campo), que significa “prado del macho cabrío”.
Historia: Durante el siglo XVII, en el contexto de los juicios de la Inquisición (como el famoso caso de Zugarramurdi), la Iglesia católica asoció este lugar físico con la supuesta adoración al demonio adoptando la forma de una cabra.
Bueno pues allí comimos y no vimos ninguna bruja, solo la cuenta cuando llegó, que esa siempre espanta.
Regreso por Capufe sin novedades, llegar a Orizaba donde fijaron más tapetes en su Catedral, por las festividades de San Miguel Arcángel y por la noche medio pueblo se convocó a los fuegos artificiales de cuetes.
Fin de la historia.




