Chucho dice que ¨no tenemos convicción democrática. Venimos de una cultura de sometimiento¨. Le pido que defina ¨convicción¨, y me responde: ¨La conciencia del derecho a participar de manera equitativa. Sentir que todos somos iguales ante la ley. Eso no lo sentimos en México¨.
Monse, como psicóloga social, me dice: ¨existe algo llamado indefensión aprendida; cuando una persona experimenta repetidamente situaciones que siente que no puede cambiar, puede terminar creyendo que sus acciones no sirven de nada. Deja de intentarlo, no porque esté de acuerdo con lo que vive, sino porque ha perdido la expectativa de que las cosas puedan mejorar.
También existe la normalización de la violencia, la corrupción y el deterioro social. Cuando una conducta se repite durante tanto tiempo, algunas personas comienzan a verla como parte inevitable de la vida cotidiana.
A esto se suma el miedo a las represalias, la necesidad de sobrevivir económicamente, la desconfianza en las instituciones y la percepción de que protestar no conducirá a ningún lado. Para alguien que trabaja todo el día para sostener a su familia, involucrarse en una lucha social puede parecer un lujo que no puede permitirse¨
Yo agregaría que también existe un componente de apatía, el conformismo ya mencionado. El temor a que si se busca el cambio habrá consecuencias personales y familiares. Y en muchos casos, también la imposibilidad de vislumbrar el futuro, cuando el presente ocupa el 100% de nuestro tiempo, atendiendo la satisfacción de necesidades básicas. O peor aún, la incapacidad o desinterés de vislumbrar el rumbo que lleva un país, una política de gobierno en particular, o las consecuencias de un fracaso repetido que no es tan evidente, por ejemplo, crecer la economía del país a 0.8% anual, en lugar de 2.4% anual a lo largo de ocho años.
La pregunta que da pie a esta reflexión, viene a colación porque la educación que recibimos en la infancia nos hablaba de libertad, de justicia, de democracia, de derechos humanos. Derechos inalienables como el derecho a la salud, al libre tránsito, a la protección del estado, la justicia pronta y expedita, etc. Infinidad de palabras que suenan muy bonito escritas en la constitución, o en la boca del político en turno, pero que en la vida real de México no existen.
Hoy, que los poderosos han dividido intencionalmente al país para que minimice cualquier posibilidad de unión entre los mexicanos para exigir un futuro mejor, la pregunta está más vigente que nunca.
Sobre todo por la política de adoctrinamiento cubano en amplios sectores de la población. Como si Cuba y su enorme fracaso social, fueran un ejemplo a seguir, uno se pregunta cuál es la razón por la cual quienes hoy gobiernan, aspiran a un futuro similar al cubano en nuestro país.
La respuesta es complicada. Tiene varias aristas. AMLO y Claudia odian a Estados Unidos. Fueron educados en un marxismo trasnochado, que no ha dado resultados para mejorar la calidad de vida en ningún país del mundo. Cuando ponen a China de ejemplo, se olvidan mencionar que China comenzó su milagro económico exactamente cuándo se comenzaron a revertir las políticas de Mao y se inició el largo camino hacia un capitalismo de estado, con zonas económicas especiales, en las que pudieran aprovecharse la inventiva y la cultura de trabajo duro que son parte de la cultura china.
El odio a Estados Unidos les ha llevado a aliarse con los enemigos de nuestro vecino, en un absurdo geográfico e histórico. Un México que depende de la energía y los alimentos estadounidenses busca debilitar a su vecino asociándose con sus enemigos, Cubanos, Rusos, Chinos, Iraníes, etc. Sin entender que debilitar a Estados Unidos debilita a México.
Sin entender que México sin Estados Unidos perdería su posición privilegiada entre las naciones de Hispanoamérica. Sin importar que dividir a la población mexicana, adoctrinar en teoría marxista y lucha de clases, solo debilita aún más la posición de México en el mundo, y puede llevar incluso hacia una Balcanización, en la cual la patria se divida en varios estados más pequeños, a conveniencia de las potencias que hoy intervienen.
El mexicano es un peón en los juegos geopolíticos mundiales. Es usado sin darse cuenta. Se aprovechan de su necesidad tanto los gobiernos extranjeros como el gobierno nacional. Unos en sus luchas de poder, y los gobernantes locales, porque consideran que así podrán perpetuarse en el saqueo y el control de los recursos del país.
El mexicano es un juguete. No es una persona. Al gobierno nacional no le importa si desaparece, si es asesinado, si es extorsionado, si muere por enfermedades prevenibles, si necesita cuidados de salud y no los obtiene porque el sistema de salud está destruido, si requiere justicia y no la obtiene porque el sistema de justicia fue destruido, si requiere trabajo digno porque el crecimiento económico es un recuerdo de sexenios pasados, o si requiere educación que es lo único que permite movilidad social real, y preparación para enfrentar un futuro incierto, pero destruyen el sistema educativo para beneficiarse de la alianza con privilegiados sindicatos magisteriales que no educan. Al gobierno actual de México el presente y futuro de los mexicanos no le importa. Y el mexicano no se da cuenta.
¿Será que la explicación que dieron Jesús y Monse, explique aunque sea en parte, la respuesta a la pregunta que planea el título de esta colaboración? Pregunta que nace ante la desesperación de ver que Rius tenía razón, somos agachados, somos sumisos ante el poder, aplaudimos al corrupto cuando nos puede beneficiar, no tenemos dignidad social, ni conocemos la educación cívica y mucho menos, defendemos los derechos particulares o colectivos, salvo cuando nos afecta personalmente esa pérdida de derechos, y sobre todo, somos sumisos y ávidos estudiantes del adoctrinamiento de personas que buscan usarnos y no nuestro bien.
@jmcmex



