El silencio también es violencia. Camelot.
El país y muchos estados están inmersos en violencia, de una y otra forma. Hay violencia de los carteles terribles, donde a diario la televisión nos muestras hasta el cansancio muertes y tiroteos. Aquí en Orizaba no nos salvamos, hace unos días la Guardia Nacional detuvo con tiroteo a unos malandros que, al parecer, tenían secuestrada gente. Hubo un muerto y dos policías heridos. En una ciudad que se ha caracterizado por ser tranquila y segura y tener a la mejor policía municipal pagada del país. Y efectiva. Y estamos confiados en nuestra policía, sin duda. Pero la violencia ataca. Y hay que combatirla. Las redes sociales avisan. Yo Mero soy enemigo en mi página de entrar con cosas policiacas, pero anoche nos impactó ver en el sitio ‘El Lavadero de Orizaba’, una terrible pelea de dos jóvenes, donde quizá afuera de un bar, al calor de unos tragos, no nos consta, uno golpeó al otro. El primer golpe lo tiro al suelo y sus amigos intentaron recogerlo, cuando se puso de pie, el golpeador lo remató con otro derechazo que fue un nocaut tremendo, porque su cabeza dio en el cemento. Allí quizá murió. Una tragedia impactante para dos familias, la del fallecido, y la del golpeador, que ahora tendrá que ser detenido y sujeto a 40 años de cárcel. Me dicen que los padres tenemos algo de culpa, quizá sí, pero es la violencia donde uno no mide las consecuencias.
Dios nos libre de estos quebrantos.
EL VIAJECITO
Suelo una vez a la semana, por visita médica, ir al puerto de Veracruz y Boca del Rio, que son ciudades hermanas, con tres cuenqueños, mi hermano Enrique, el amigo que no es Rico y Fernando Pavón, primero hablamos de los achaques, de las medicinas. A la vejez todo son viruelas y bien decía un literato, debemos estar hablado de mujeres bellas y no de medicinas.
En fin en Café Don Justo jalapeño de Américas, allí nos tomamos uno y una canilla para, después de una hora, partir ahora al Los Farolitos, del bulevar veracruzano, el que tuvieron cerrado 17 mil días, porque, dicen las malas lenguas, una gente de la administración pasada quería un billete de mordida de varios ceros en el cheque al portador. Eso comenta todo Veracruz.
Estaba un poco vacío, pero es salón muy grande y con un clima extraordinario, los meseros, atentos, había como 15, a diferencia de El Gaucho que había 4 la otra semana y se ve que han perdido clientela, porque los precios también se disparan.
Una sopa de fideos, tipo como la que comíamos con la abuela Genoveva en Villa Azueta, aunque no tan buena, un coctel de camarones, Rico una carne gigantesca y los huevos cubanos, frijoles y arroz y la clásica agua de horchata.
Y a darle que es mole de olla, diría el difunto locutor y animador Arredondo (Juan José Arredondo), que hace años falleció y ayer lo tuvimos en una plática de remembranza de amigos, era una gente extraordinaria, los amigos no mueren mientras se les recuerde.
Luego catapultamos las fechas que llegamos a Veracruz, Rico, mi hermano y Yo Mero, y variamos si había sido el año 63 o 64 y nuestras comidas, donde Rico me llevaba al Astillero los fines de quincena, cuando la lana languidecía, que creo costaba 7 pesos y una Coca Cola, quemadito el arroz pero por ese precio no había mucho que respingar.
Historia para más adelante




