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Atilano Luis Navarrete, una historia de amor y de lucha

N. de R.- Con el recuerdo y aprecio que sentimos por los maestros del Grupo Escolar Cervantes, reproducimos esta entrevista, que fue la última efectuada al maestro Atilano Luis Navarrete a sus 102 años de edad, poco antes de que falleciera y publicada en el diario El Sol de Córdoba en 2011 y en el diario elpais.es y tiene como finalidad preservar los recuerdos del último de los maestros de la gloriosa escuela de Córdoba que forjó tantas generaciones.

Córdoba, Ver..- ¡Firmes… Yaaaaaaaa!… ¡Saludar… Yaaaaaaaaaaaa!…..

Recuerdo aquellas voces retumbando en las paredes del colegio, cómo se movían a grandes zancadas en medio de las filas formadas por los diversos grupos escolares, con el porte militar que siempre los caracterizó.

¡Mirada al frente!, ¡Aunque caigan bombas atrás… la vista al frente!, ¡Siempre adelante!, eran palabras con las cuales nos impulsaron a continuar marchando. Hoy, entiendo las razones de aquellas frases:

Eran milicianos del Ejército Republicano de España, que enfrentó al dictador Francisco Franco.

Escribo esta entrevista más con el corazón que con la objetividad del periodista, oficio que desempeño desde hace más de 20 años.

Siempre quise platicar con ellos de sus antecedentes, antes de su llegada a México y específicamente a esta ciudad. Hablo de los maestros fundadores del Grupo Escolar Cervantes, formador de generaciones de cordobeses.

Hablo del último sobreviviente de todos ellos, del profesor Atilano Luis Navarrete, capitán del Ejército Republicano, exiliado de la guerra civil registrada en ese país y un hombre que siempre se caracterizó por su gran personalidad, fortaleza y entrega a la docencia. No sólo tiene en su haber las grandes proezas de haber sobrevivido a la guerra de España, de ser el último de los maestros del Cervantes sino también el legítimo honor de contar con 102 años de edad y vivir aún en la ciudad que lo acogió en 1939.

¿Extraña España profesor? Se le cuestiona:

¡No, soy cordobés, a España no regreso, mi corazón está aquí! Responde totalmente seguro.

A sus 102 años de edad, Atilano Luis Navarrete vive en su casa, ubicada en la calle 10 entre avenidas 1 y 3, al lado de sus hijas Concepción y María Luisa.

En una silla de ruedas, vestido con camisa de franela encuentro al hombre que fue mi maestro, tercero de primaria, esposo de la maestra Conchita Escutia de Luis, quien tuvo a su cargo el segundo grado del colegio Cervantes. Ambos procrearon 4 hijos: Manuel, José María, María Luisa y Concepción Luis Escutia.

Lentamente empieza a recordar, entre la neblina de los recuerdos surge la plática con el hombre que me inició en el conocimiento. De eso hace más de 40 años, le digo y sólo ríe. Le cuesta trabajo recordarme, pero lo importante de la entrevista es lo que él tiene que decir, no los recuerdos del alumno.

“Nací en Moral de Calatrava, provincia de Ciudad Real, España, el 13 de febrero de 1908. Tengo 102 años de edad”.

Tras las primeras preguntas, el maestro empieza a recobrar energías y a salir de su letargo:

Narra que fue maestro, que vivió en Valencia, España, donde conoció a quien fue el amor de toda su vida y compañera de milicia, de exilio y pilar de su fortaleza, la profesora Conchita Escutia de Luis.

Rememora diciendo que conoció a Conchita en Valencia pues ambos fueron maestros. Reitera que Conchita era princesa de faya, que eran las princesas que llevaban las banderas en las fiestas, “porque los valencianos son de mucha fiesta, muy alegres y hacen bien, la vida es dura a veces…”

Precisa que fue ahí donde conoció a Conchita, pues él se considera valenciano de adopción debido a que desde temprana edad vivió ahí al lado de sus padres que fueron también profesores.

Estudiante de la normal en Valencia, militó en organizaciones republicanas aunque seguía ejerciendo la docencia en el barrio populoso de Ruzafa.

Al inicio de la guerra civil decide incorporarse a las filas del Ejército Republicano, donde alcanza, tras los méritos logrados, el grado de capitán.

Tras permanecer determinado tiempo en la batalla aprovecha uno de los permisos que le otorgan, debido a una lesión de bala en la pierna y a su convalecencia, para casarse con Conchita a quien había conocido en una fiesta celebrada en el casino de la ciudad de Valencia.

En 1938 la derrota del Ejército Republicano era evidente y tras el triunfo de Francisco Franco la represión en contra de las huestes republicanas fue brutal, por lo que el capitán Atilano y su esposa Conchita logran huir a Francia donde son ingresados a campos de prisioneros.

Ambos, al igual que muchos españoles aprovecharon la disposición del presidente de México, Lázaro Cárdenas, para dar asilo a los perseguidos por la dictadura franquista.

El profesor Atilano narra:

“No recuerdo bien, pero el barco en que llegamos a México se llamaba Mexique. En la huida de España conozco a los Bargés y a los demás, en especial a Faustino Benito Portugal…”

Uno de sus hijos, escribirá en la recopilación de las memorias de su padre Atilano:

“En esos momentos muchos países ofrecen dar asilo a los republicanos y es cuando mi padre se apunta para embarcar en un buque con destino a La Habana, Cuba, circunstancia que al no darse, recibe la noticia de que tiene otra oportunidad, incluso más real: la de ir a México, donde incluso es anotado en la lista…”.

“…Sin la posibilidad de haber visto a mi madre durante el confinamiento al que es sometido en Francia, pero enterado que también está en suelo francés, le envía una misiva para informarle de su próxima partida a México y le pide que también haga las gestiones para que pueda ella viajar a este país…”

“…Mi madre Conchita estaba en otro campo, al lado de su hermano Manuel, de su esposa Teresa y su pequeño hijo…”

“…Finalmente se confirma la noticia, saldrían 3 barcos con destino a México, el Sinaia, el Ipanema y el Mexique. Le confirman que saldrá en el último, pero con la angustia de no saber si su esposa podrá también partir…”

“…El 14 de julio de 1939, el profesor Atilano salió en el Mexique, del puerto de Sete, cerca de Marsella, con destino al puerto de Veracruz, a donde llegaría el 27 de julio…”

“…Ya en altamar se da el reencuentro con quien lo habrá de acompañar toda su vida, la maestra Conchita. Fundidos en un largo abrazo lloran de felicidad por las coincidencias…”

“…Tenían la convicción de regresar a España y de poder abrirse paso en un nuevo país ya que habían enfrentando y sobrevivido una guerra y un campo de prisioneros…”

“…Aunque la recepción en Veracruz fue cálida, el proceso de adaptación al clima y cultura fue algo difícil, pero lo lograron y de esta manera logran fundar el Grupo Escolar Cervantes…”

El maestro Atilano lo describe mejor en la entrevista:

“…Era la necesidad de ganarnos la vida, de tener trabajo. Salimos de España huyendo y no teníamos nada…”

E ironiza:

“…Ahora como ya no está Franco van a querer que vaya a España, pero ya me acostumbre aquí, soy cordobés…”

“…La Cervantes se fundó en 1939. Pusimos primero un internado para jóvenes en la calle 9 entre avenidas 7 y 9… Después nos ubicamos donde actualmente se encuentra…”

“Conocí a los Bargés de casualidad, pues éramos milicianos huyendo. Las cárceles de España estaban llenas de republicanos y nosotros estábamos huyendo…”

Su hijo anotará:

“…La condición de exiliados favorecía muchísimo a intelectuales y escritores que también habían llegado a México…”

“…Inicialmente fueron los maestros Eugenio Yuste, Francisco Parrilla Benita, Atilano Luis Navarrete y los hermanos Antonio y José Bargés Barba los que iniciaron formalmente el Grupo Escolar Cervantes…”

“…A ellos se unirían temporalmente los maestros Faustino Benito Portugal y Sergio Riva López, quienes posteriormente fueron sustituidos por las maestras Luisita Bargés Barga y Conchita Escutia de Luis…”

El maestro Atilano rememora:

“Hicimos lo que pudimos, lo que sabíamos y tuvimos muchos alumnos. Me fue muy bien. A quienes más quise aparte de mi esposa e hijos fue a Luisa, a Pepe y Toño Bargés y a mi gran amigo Francisco Parrilla. Todos están muertos. El único profesor que queda en vida soy yo, pero ya no trabajo…”

¿Aquí encontró todo lo que necesitaba? Se le cuestiona:

Yo creo que sí, me fue muy bien en la escuela Cervantes, no me puedo quejar, pero todo tiene su fin y esto es así y ahora tú vienes y me pides hablar de España y de Franco. Ya murió Franco y ahora han reconocido todo lo que hicimos los que tuvimos que salir de nuestro país. Nos convertimos en sus enemigos, por eso huimos…”

“…Aquí hemos estado bien, nos hemos ganado la vida, aportando nuestro conocimiento, hemos trabajado…”

La casa del profesor está llena de recuerdos, de fotos de una vida llena de satisfacciones. La entrevista termina y recuerdo un poema escrito por Pedro Garfias, un exiliado oriundo de Salamanca, España, que también vino a México, quien durante la travesía escribió:

“Entre España y México”:

“Qué hilo tan fino, qué delgado junco

-de acero fiel-, nos une y nos separa,

con España presente en el recuerdo,

con México presente en la esperanza”.

Como otro tiempo por la mar salada

te va un río español de sangre roja

de generosa sangre desbordada…

Pero eres tú, esta vez, quien nos conquista

y para siempre, ¡oh, vieja y nueva España!”.

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