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CADA QUE TE VEO PALPITO

Columna Acertijos de Gilberto Haz

“Si me amas me pruebas y me lo sostienes”. Camelot.

Rememoro un escrito mío de hace algunos años (abril-2019)

Los diarios nacionales y hasta los muy prestigiados de España, como el diario El País, rindieron homenaje póstumo, un responso a la memoria y vida de Lourdes Ruiz, tepiteña, mujer conocida como La Reina del Albur. Qué para echar un albur se necesita, una poca de gracia y otra cosita, y ella, dicen quienes la conocieron, hacía gala de los albures, esos albures finos que no caen en lo corriente. Como vengo de una tierra de Dios, Tierra Blanca, en la Cuenca del Papaloapan, donde el albur es la comida del día, rememoro un escrito del gran Mariano Martínez Franco, (QEPD), colega y uno de los mayores poetas decimeros de ese planeta, colaborador hasta su muerte del diario Crónica Tierra Blanca, que habló de la Anatomía, así:

“Dios al hombre lo formó / Le puso partes valiosas / Sin embargo en ciertas cosas / al darle cuerpo falló. Los huesos los colocó / por toda su anatomía: el hueso de la rodía / el del cráneo, el del pescuezo… ¡Pero no le puso hueso / donde más falta le hacía!”.

(Dime tú qué piensas de eso. Yo creo que está bien ansina).

LOS REPORTAJES

Uno de ellos lo escribió Humberto Díaz Navarrete, autor en Milenio de Crónicas Urbanas. Dijo así de esa reina del albur:

“Lourdes Ruiz, La Reina del Albur, era famosa por su carisma, siempre sonriente, con su inseparable mandil, símbolo de trabajo cotidiano, el cigarro en los labios, y en cualquier descuido te dejaba caer un albur con ese hablar de barrio, pues sabía que el suyo, Tepito, es sinónimo de chamba, talacha y bulla desde el amanecer hasta morir el día. Es llorada por la gente del barrio y sus amigos de otras colonias. Los recuerdos giran por la memoria de conocidos de esta mujer, integrante de un grupo denominado “Las 7 cabronas de Tepito”, que inició en el comercio a los 8 años de edad, cuando su padre le regaló unos pesos, hasta tener su propio negocio en el que vendía ropa de niños. Uno de sus albures más conocidos lleva el nombre de un libro: Cada vez que te veo palpito. Así era ella, Lourdes Ruiz, entrevistada por todo el mundo y conocida por gente que vio y escuchó su nombre rolar en los medios informativos, y no solo impartió cursos sobre albur, sino que inauguró un diplomado sobre ese subgénero que renació en el barrio. La medianoche de ayer se supo de su muerte y algunos llegaron a su casa de la colonia Morelos, mientras otros asistieron a la funeraria García López, de la colonia Juárez, hasta donde la siguió una amiga de la infancia, Marcela Torres Romo, los ojos rojos de tanto llorar, quien suspira y solloza. —Se fue, se fue una de “Las 7 cabronas de Tepito” —exhala después de reprimir la respiración—, se fue la alburera más chingona que tuvimos y que hereda una cultura, ¿no?, al barrio. Era tan chingona, tan chingona, que se fue así —roza los dedos pulgar y de en medio—, sin darnos chance de nada; a todos nos agarró en curva; todos estábamos en chinga, trabajando, como buenos tepiteños que somos”.

Le digo: estaba yo desayunando y me dice: quiúbole, bizcocho; le digo: “quiúbole, cabrona”. Y me dijo: “¿Ya te lo ganaste?” Y le digo: “Ahuevo, porque obrero que no come, obrero que no rinde”. Y me dice: “Sácate a la chingada”. Y le digo: “No mames”. Es que —trata de disculparse, quien vive en la Cerrada de Matamoros— algunas así hablamos en Tepito… Alguien escribió en las redes sociales: “¿Ya se va, señora Lourdes?”. Ella contesta: “Sí, ya me voy, voy a alburear a Dios”.

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