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“Cien días y la eterna pregunta: ¿gobernar o administrar la silla?”

En política, cien días no son una eternidad, pero sí el tiempo suficiente para saber si alguien llegó a gobernar… o simplemente a sentarse en el sillón.

 Acaban de cumplirse los primeros cien días de las nuevas administraciones municipales en los “212 ayuntamientos del estado de Veracruz”, y el balance, como suele ocurrir en la vida pública mexicana, ofrece un contraste revelador: algunos alcaldes informan resultados; otros, en cambio, parecen haberse limitado a ocupar el cargo y esperar que el tiempo pase.

 Es la vieja enfermedad de la política municipal: confundir el ejercicio del poder con la comodidad del despacho. 

Los primeros cien días de un gobierno no son un capricho mediático. En la tradición política moderna —desde Franklin D. Roosevelt hasta los gobiernos contemporáneos— ese periodo sirve para medir el ritmo inicial de una administración: la claridad de su proyecto, la capacidad de organización y, sobre todo, la voluntad de actuar. 

En Veracruz, donde los municipios enfrentan rezagos históricos en servicios públicos, infraestructura urbana y orden administrativo, los primeros meses de gestión deberían ser un periodo de intensa actividad. No siempre ocurre así.

 Hay alcaldes que aún parecen estar en la fase contemplativa del poder: reuniones interminables, fotografías oficiales, discursos bien ensayados… pero escasos resultados tangibles.

 Por eso resulta interesante observar los casos donde sí se presentan datos concretos. Uno de ellos es el del alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, quien decidió informar públicamente sobre los avances de su administración al cumplirse los primeros cien días de gobierno. 

Según los datos presentados por el edil, su gobierno ha alcanzado una productividad “250 por ciento superior al promedio de las últimas cuatro administraciones municipales”, una afirmación que, si se confirma con el tiempo, representaría un cambio significativo en la dinámica administrativa del municipio. 

Los números expuestos son, por lo menos, dignos de análisis.

 En materia financiera, el ayuntamiento reporta “un incremento del 62 por ciento en los ingresos municipales respecto al mismo periodo de 2022”, acompañado de “una reducción del gasto por 60 millones de pesos”, recursos que —según la administración— se han redirigido hacia inversión pública.

 En el terreno de los servicios urbanos, el municipio enfrentaba un rezago estimado en “9 mil metros cuadrados de bacheo”, de los cuales ya se han atendido “4 mil metros cuadrados”. Puede parecer un dato técnico, pero en una ciudad donde la vialidad se ha deteriorado durante años, cualquier avance en ese rubro impacta directamente en la vida cotidiana. 

Algo similar ocurre con la recolección de basura. El parque vehicular del servicio operaba apenas al “25 por ciento de su capacidad”; hoy, de acuerdo con el informe municipal, alcanza “un 85 por ciento de funcionalidad”, además de la eliminación de “más de diez basureros clandestinos”. 

En el ámbito social, el gobierno municipal reporta la entrega de “7 mil 500 despensas”, con otras “5 mil en proceso”, además de jornadas de salud que incluyen consultas médicas, vacunación y acciones preventivas contra el dengue.

 También se informó sobre avances en “la regularización de viviendas de más de mil 200 familias”, la escrituración de “68 escuelas”, la instalación de “11 consejos municipales” en distintas áreas y la creación de una “policía cibernética” para atender delitos digitales.

 Son datos que, si se sostienen en el tiempo, apuntan hacia una administración con cierta lógica operativa. 

A ello se suma la recuperación del “70 por ciento del parque vehicular en áreas como seguridad y protección civil”, así como la coordinación con fuerzas estatales y federales para operativos de vigilancia. 

En el plano de la movilidad urbana, el alcalde anunció la llegada de “60 autobuses híbridos del sistema Quetzalli”, gracias al apoyo de la gobernadora Rocío Nahle que representa un cambio en el transporte público de la ciudad.

“Aprovecho para mandarle un agradecimiento a nuestra gobernadora que sin ella nada de esto hubiera sido posible”, mencionó.

Por supuesto, los primeros cien días no hacen un gobierno. Apenas muestran la dirección del timón. 

El propio alcalde lo reconoció con una frase que, al menos, revela conciencia política: “es un inicio digno, pero sin excelencia”.

 Conviene recordar que la política municipal en Veracruz ha estado marcada durante décadas por la improvisación administrativa, la corrupción silenciosa y la inercia burocrática. Por eso, cuando aparece una gestión que intenta medir su desempeño con cifras y resultados, el ejercicio merece atención… y también vigilancia ciudadana.

 Porque gobernar no es anunciar cifras: es sostener resultados.

 Y la historia política del estado nos ha enseñado una lección elemental: los primeros cien días pueden impresionar… pero los mil días siguientes son los que realmente definen a un gobierno.

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