Adriana Balmori Aguirre
Desde que tenemos uso de memoria, todos sabíamos que el nombre de nuestro estado era el de Veracruz-Llave, sólo que durante la administración de Miguel Alemán Velasco, “el señor gobernador” decidió, en 2003, cambiarlo por el de Veracruz de Ignacio de la Llave, por lo que no está de más recordar quién fue este personaje: lo primero que nos preguntamos es: ¿de la devoción de quién era santo, que llegó a tanto?, y descubrimos que de muchos era santo, y que aunque nació en Orizaba su familia radicaba y tenía orígenes en Córdoba, pero veamos por qué.
Ignacio de la Llave Segura y Zevallos nació en Orizaba el 26 de agosto de 1818, fue hijo de los cordobeses Manuel Martín de la Llave y María de la Luz Segura y Zevallos. María de la Luz era descendiente de dos linajudas familias cordobesas de gran prosapia y abolengo: los Segura y los Zevallos, y Manuel Martín era hijo del coronel del Regimiento de Tres Villas (Jalapa, Orizaba y Córdoba), don Francisco de la Llave y del Llano y de doña Gertrudis Fernández de Ávila, radicados en Córdoba, y cuya casa se levantaba frente a la plaza principal en el solar que en algún momento perteneció a uno de los treinta fundadores, muy probablemente a uno de los hermanos Blanco (andamos tras esa pista).
El coronel y su esposa eran de Santander, España y recibieron carta de nobleza por los favores que habían prestado al rey. Por razones de su oficio, don Martín Manuel y doña Luz María se vieron orillados a cambiar su domicilio a la vecina villa de Orizaba, donde nace Ignacio, en el número 36 de la antigua calle de San Rafael.
Dada la época y sus circunstancias, la familia De la Llave, nos resulta de lo más interesante y sobre todo muy especial, pues sus miembros, muchos de ellos notables, tenían vocaciones e ideologías realmente opuestas; podemos imaginar a la abuela doña Gertrudis, toda ella piadosa y beata, atravesando diariamente de su casa a la iglesia de la Inmaculada a oír misa y criando al mismo tiempo y bajo un mismo techo a un hijo recalcitrantemente liberal: don José María de la Llave, constituyente de 1824, y al ilustre Pablo de la Llave, también nacido en Córdoba, quien se ordena sacerdote y destaca como eminente botánico en la Corte de Madrid, y más tarde es diputado en las Cortes de Cádiz en 1812; los dos tíos de Ignacio.
El joven Ignacio no dudamos que haya sido un soltero codiciado, pues es descrito como, alto, guapo, de buen carácter, de verdes ojos pardos, pelo rubio y enormes patillas a la moda, además era valiente, se había graduado en Derecho, era rico, culto, de buena familia, y como si algo le faltara ¡buen bailarín!, pero él prefería la política y las armas, sin embargo, cayó bajo el encanto de
Altagracia Álvarez,fina dama con la que se casó y tuvo a Amada, su única hija.
Desde la época de sus estudios se relacionó con notables personajes como Sebastián y Miguel Lerdo de Tejada y el general José Joaquín de Herrera, y cuando éste asume la presidencia nacional, De la Llave arranca del salón de cabildos el retrato del déspota Santa Anna.
Fue miembro de la Guardia Nacional Orizabeña y defendió el puerto de Veracruz, con Manuel Gutiérrez Zamora, del asedio de las tropas norteamericanas bajo el mando del general Winfield Scott en 1847.
Luchó siempre en contra de Santa Anna, quien lo consideraba su enemigo personal y en una de sus tantas vueltas al poder, lo destierra, pero Ignacio escapa y combate siempre con las fuerzas liberales.
Fue dos veces gobernador y comandante militar del estado, secretario de Gobernación durante la presidencia de Ignacio Comonfort, protege a Juárez cuando se refugia en Veracruz en 1858, y toma parte en la estructuración de las Leyes de Reforma junto con Lerdo y Melchor Ocampo.
Influye en la construcción del ferrocarril Orizaba-Veracruz y marcha hacia Puebla para defenderla junto a Zaragoza de las fuerzas francesas, el 5 de mayo de 1862. Cae prisionero del capitán Forey y se fuga junto con Jesús González Ortega. Con dinero propio, buscan alcanzar a Juárez en San Luis Potosí; al pasar por Guanajuato, el gobernador les otorga una escolta, y —¡qué raro!— el saber que llevan 500 onzas de oro despierta la codicia de sus escoltas, quienes les disparan a quemarropa para robarles — cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia.
Queda mortalmente herido y lo llevan a la Hacienda del Jaral, en Guanajuato, donde muere a los 44 años, el 23 de junio de 1863 y es inhumado en presencia del presidente Juárez en San Luis.
Unos días después otro cordobés, el licenciado Francisco Hernández y Hernández, gobernador del estado de Veracruz, y su amigo personal, añade su nombre al del estado de Veracruz y es por eso que a partir del 10 de julio de 1863 se utiliza oficialmente el nombre de Estado de Veracruz-Llave y a partir de 2003 se hace oficial el nombre de Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave.