*Reacción de gaseras
*¿Y los medicamentos?
*Un país de violentos
Bloqueo de calles y carreteras en la región central veracruzana… Terrible ejecución de dos personas secuestradas… Invasión policiaca a un centro de actividades clandestinas… Así como la permanente angustia que priva en el seno del colectivo social, mismo que conforma los municipios de la zona centro identificada como de las grandes montañas, son el reflejo en los últimos días de la aguda sensación de inseguridad, misma que priva en diversas regiones de nuestra entidad, marcos en los cuales desde años atrás no se ha logrado restablecer la tranquilidad social, factor que ha sido determinante en el declive de la economía en lo general, lo que sumado a la devastación originada por la pandemia, nos trasladan a un Veracruz lastimado en todos sus sectores, sin lugar a dudas como nunca ante en la historia de las actuales generaciones de veracruzanos.
Ante los reclamos que se escuchan en pueblos y ciudades por la inseguridad e improductividad que se registra en tierras “de la verdadera cruz”, pareciera que nada diferente acontece en los espacios gubernamentales, niveles sobre los cuales priva la impresión que ya se habituaron a la barbarie por la que se transita, convirtiéndose la violencia en uno de los factores determinantes que están influyendo en el desplome, ya no digamos del bienestar económico en lo general, sino también de la ya endeble tranquilidad social, lo que ha conducido hacia la angustia y la sensación de miedo en todos los espacios del colectivo social.
Los estruendos de la violencia siembran inestabilidad, porque no existe la menor posibilidad de que las familias se habitúen a dichos escenarios, incluso muchos son los veracruzanos que buscan o ya encontraron otros senderos, fuera de tierras jarochas, para establecer su vivienda adaptándose a nuevos espacios distante del amado terruño, es más, no faltan los que disponiendo de recursos decidieron abandonar el país…
Y quienes no disponen de tales posibilidades que les permita vivir en el extranjero, buscan asentarse en tierras mexicanas pero que “por lo menos” no registren los mismos niveles de inseguridad que privan en diversas regiones del país, obviamente incluyendo las tierras veracruzanas.
Sin embargo, pese a meditar sobre migrar hacia regiones de menor violencia, miles de veracruzanos no disponen de las posibilidades para establecerse en tierras más tranquilas, lo que obliga a la preocupación permanente, reacción lógica ante los mínimos niveles de eficacia en materia de seguridad, mismos que privan a lo largo y ancho de la entidad veracruzana y de otras regiones del país, marcos de violencia y obvia sensación de inseguridad, que en nada han decrecido aún con la prédica gubernamental de “abrazos, no balazos”.
Hemos arribado a la etapa en la que los discursos gubernamentales en materia de seguridad pública, la gran mayoría del colectivo social ya no les presta atención, porque todos los mexicanos o una avasallante mayoría, tienen claro en su interior (incluso en ámbitos gubernamentales) que en el renglón de seguridad nada tenemos por presumir y mucho (para no decir que todo) ha resultado con mayores niveles de ineficacia que en el pasado, referencia que por sí misma nos muestra la desconfianza que priva entre la población, en torno a las medidas de seguridad aplicadas por autoridades municipales, estatales y federales, toda una gigantesca estructura que depende del erario público y cuya ineficacia, lamentablemente es igual o superior a los que les antecedieron en los espacios gubernamentales.
La pandemia epidémica y la pandemia delincuencial, constituyen dos escenarios sobre los cuales se refleja la ineficacia gubernamental, en ambos casos el número de yerros y fallecimientos lo confirman, escenarios que a la mitad del actual sexenio gubernamental, no permiten vislumbrar una segunda parte con reales y contundentes aciertos transformadores, lo que obviamente origina profunda y a la vez notoria preocupación en decenas de millones de mexicanos… Angustiante realidad el habituarse a la barbarie.
Lo que se lee
Y la verdad que se trasluce en los medios de comunicación en estos últimos días, es que muchas o algunas de las compañías comercializadoras del gas doméstico, nos han vendido los cilindros con menos gas del que refiere la nota de venta, porque “son víctimas de un incremento en el precio”, sino porque constituye una práctica añeja que le ha generado elevados dividendos a los empresarios del ramo, coludidos en éste tipo de prácticas (obviamente deshonestas) con el segmento de inspectores del ramo.
Los abusos en referencia forman parte de un hábito de tiempo atrás, porque un litro de menos hacen cientos o miles de litros en una semana, cifra que conlleva a utilidades deshonestas incalculables, sin ignorar en el tema, el que sí existen empresas honestas que no se prestan han prestado a tales “trinquetes”.
¿Habrá corrección en dichos espacios ante las nuevas tácticas del Gobierno Federal, para comercializar de manera directa y en todo el país el llamado gas doméstico?… El paso del tiempo nos brindará puntual respuesta.
Lo que se ve
Inhumano y por lo mismo criminal, resultarían las versiones que circulan en Internet, sobre una supuesta “prohibición gubernamental” dirigida a médicos que prestan sus servicios en centros médicos pertenecientes al Gobierno, para que bajo ningún motivo giren recetas con las cuales se pueda adquirir medicamento para niños con cáncer, referencias que se han difundido en las últimas horas y que, por lógica, dispara aún hacia mayores dimensiones las protestas en contra de la administración pública, ante la inexistencia de medicamentos en centros asistenciales, en los que sobreviven pequeños sin la apropiada atención por la inexistencia de medicamentos.
Bien valdría que tales referencias de padres de familia, fueran realmente investigadas por los medios de comunicación, precisamente por lo preocupante del tema en cuestión.
Lo que se oye
Se cierra la actual semana en tierras del son que emana de cuerdas de la jarana y el arpa, al ser acariciadas por el trovador, entidad que en contraste refiere escenarios y cifras espantosas de acciones criminales, hechos que indican el notorio nivel sobre la descomposición social que priva en nuestras tierras, mismas en la que antes se presumía del son y el zapateado, así como su excelente trato y suculentos platillos, porque ello forma parte de la alegría jarocha, tiempos y circunstancias que originaron expresiones con referencias de bienestar, como la inscrita en la ciudad de Orizaba: “Sonría: Está Usted en Orizaba” apuntes hoy opacados por la violencia en nuestros pueblos y ciudades, tierras que han dejado de ser espacios para la sonrisa al ser suplantados por la preocupación e incluso el espanto y el luto, resultado de un declive en los niveles de seguridad que abre paso a los espacios de inseguridad.
Pero de tales quebrantos que carcomen los cimientos de la tranquilidad social, han surgido monstruosas prácticas delincuenciales, incluso sobrepasan lo imaginado y convirtiendo a regiones del país en tierras del terror, de la zozobra, del desgasta social y económico, lo que por obviedad nos conduce hacia la referencia de vivir en los espacios de un “estado fallido” expresión que se puede interpretar como una sociedad que experimenta la sensación de encontrarse sin protección gubernamental, frente a la incertidumbre de olas delincuenciales que, con su actuar en marcos de impunidad, refieren la debilidad, incapacidad e impotencia del Gobierno para garantizar la tranquilidad de la población.
Tres años, prácticamente la mitad del actual sexenio gubernamental, representan una etapa de un país afectado por diversas pandemias, conformadas por el virus de la ineficacia en el renglón productivo, el virus de la delincuencia y el Covid-19, que se suma a la dramática pérdida de vidas por la que transitamos en un país lastimado por la ineficacia…
Que éste fin de semana la resulte apropiado al disfrutar de tranquilidad.











