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Inauguran en Orizaba el segundo Museo Inclusivo

De la exclusión a la inclusión:

Orizaba, Ver.– La inauguración del segundo Museo Inclusivo en la ciudad no fue solo la apertura de un nuevo espacio cultural; fue, ante todo, la reivindicación de una historia marcada por la discriminación que hoy se transforma en bandera de inclusión.

Detrás del proyecto está Eder Rocha Porras, creador del programa Enseñarte, quien durante su infancia fue expulsado de seis escuelas y señalado constantemente por su Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). “Me decían que no servía, que no iba a poder”, recordó ante los asistentes, al evocar los años en que fue etiquetado como problemático y tratado como el “jefe del grupo de los burros”.

Durante mucho tiempo creyó que había algo mal en él. Creció pensando que no era suficiente y que sus ideas no tenían valor. Sin embargo, esa misma diferencia que fue motivo de castigo se convirtió en su mayor fortaleza.

“Ser diferente no es una debilidad, sino una fuerza”, expresó, al subrayar que cuando esa diferencia encuentra apoyo puede transformar realidades.

De esa experiencia nació Enseñarte, un programa concebido para niñas, niños, jóvenes y adultos que alguna vez se sintieron fuera de lugar. El segundo Museo Inclusivo, dedicado al legado de Francisco Gabilondo Soler, representa la consolidación de ese esfuerzo: un espacio diseñado para personas con discapacidad y neurodiversidad, donde no se les pide encajar, sino ser.

El recinto ofrece áreas adaptadas y experiencias sensoriales que promueven el aprendizaje y la participación activa, reafirmando que el acceso a la cultura debe ser un derecho y no un privilegio.

Más allá de la infraestructura, el mensaje central resonó en las madres y padres de familia presentes, muchos de ellos enfrentando procesos similares con sus hijos. Rocha Porras les pidió no renunciar a sus sueños ni permitir que las etiquetas definan el futuro de sus hijos.

“Hoy soy prueba de que los sueños se cumplen cuando no dejamos de luchar”, afirmó.

Con esta inauguración, Orizaba suma un segundo espacio de este tipo, pero sobre todo envía un mensaje claro: la inclusión no puede quedarse en discurso. Necesita lugares concretos, historias valientes y personas dispuestas a convertir el dolor en propósito.

El museo no solo celebra la imaginación y la infancia; celebra la resiliencia de quienes alguna vez fueron excluidos y hoy trabajan para que nadie más tenga que sentirse fuera de lugar.ñ

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