El baldón

La humildad del refugiado.

Siempre es difícil explicar México a los extranjeros. Vengan de donde vengan, las diferencias de mentalidad y forma de actuar son enormes, con la excepción de hermanos latinos, ya sean de américa, o, si son europeos: rumanos.   A los eslavos es más fácil explicarles, Rusos, Búlgaros, Ukranianos, Croatas, se les da entendernos mejor. 

¡Ha! Pero qué difícil es explicarle a un europeo occidental, o a un japones, o a un sudcoreano, o a un taiwanés.  Tal parece que la humanidad está dividida en dos o más partes. Unos países aman el orden, respetan la vida humana (o cuando menos simulan respetar la de sus conciudadanos), tienen en alta estima la dignidad de cada ser humano.  En otros países, los valores como ética, honradez, dignidad, lealtad, respeto, etc., son simples palabras, que no significan nada para sus habitantes, salvo para fingir que se poseen y presumirlos (a pesar de su inexistencia) ante las amistades (que por cierto fingen igual).

Apenas platicaba con un extranjero, que me preguntaba la razón por la cual el mexicano no exige sus derechos.   Le llamaba la atención ver las carreteras en muy mal estado, las ciudades igual.  Cuando se enteró de la cantidad de presupuesto que posee una ciudad media como Córdoba, en el estado de Veracruz, y observó el estado no sólo físico de la ciudad, si no la decadencia económica y social, no se explicaba el mal manejo de los recursos públicos, pero mucho menos, se explicaba el silencio y la sumisión de los propios habitantes de la ciudad.

En esta ocasión le pude explicar con muy pocas palabras.  Le dije que la mayoría de los mexicanos actuamos como si fuéramos refugiados en nuestro propio país.   Para ayudarle a entender la analogía, le expliqué que en la zona fronteriza de Guatemala y México está sucediendo un extraño fenómeno de migración.  Los mexicanos de Chiapas emigran a Guatemala en calidad de refugiados.

La lucha por el control de la frontera Sur que se descontroló en este sexenio, ha provocado que los dos grupos armados en pugna, se dediquen a saquear las poblaciones que caen bajo su mando, pero, sobre todo, a aplicar la leva.   Ese era un mecanismo que tenían los ejércitos en pugna la revolución mexicana.  Llegan las fuerzas de alguno de los cárteles a la zona donde habita gente pacífica, y reclutan de manera forzada a todos los hombres en edad de sumarse a sus ejércitos privados.

Los refugiados mexicanos en Guatemala se quejan de la leva, de la violencia, del peligro de morir en un enfrentamiento entre bandas, y de los malos tratos.   Llegan muchos niños en las caravanas de refugiados, algunos con problemas de salud propios de la edad y otros dañados con fracturas y golpes, que no explican.  

Le decía a mi amigo extranjero: ¨Imagina que eres refugiado mexicano en Guatemala¨.  No tienes derechos, no eres ciudadano, acudiste apelando a la caridad de los guatemaltecos, y vienes de un país dónde el trato a los migrantes es espantoso.  En México se explota a los migrantes por todas las vías posibles.   Se les trata como personas sin derechos y sin dignidad humana, son simples objetos, utilizables para el trabajo forzado, para matar, para el placer, o para robarles a ellos y sus familias todo lo que se pueda robar.  

Eso lo sabemos todos los mexicanos, y no protestamos.  Nos quedamos callados, porque nosotros mismos somos refugiados en nuestro país.  Vivimos en un país lleno de violencia, en el cuál mucha de esa violencia se ejerce desde los puestos de servicio público.   El mexicano siempre tiene la duda de quién será más peligroso, si el agente de tránsito, el policía, el ministerial, el policía del edomex, o un grupo de malandros. 

En México, (le explicaba yo a mi amigo), el estado no proporciona ni seguridad ni justicia, que son los deberes básicos de cualquier estado a cambio de cobrar impuestos.  Los propios refugiados chiapanecos en Guatemala, afirman ¨es que el gobierno no hace nada por protegernos¨.    México es un país donde predomina la ley del más fuerte, en este caso, el mejor relacionado, o el que tiene más dinero para comprar a las fiscalías y a los jueces. 

En México, lo que le suceda a los mexicanos es asunto personal. Jamás será un asunto de interés público.   El mejor ejemplo lo tenemos con los muertos del covid.  El exceso de muertes se debe a negligencia del gobierno.  Nadie exige rendición de cuentas, ni el presidente, ni los gobernados.  Como somos un país de refugiados, porque así nos trata nuestro propio gobierno, no exigimos.   Y cuando lo hacemos, somos ignorados por las propias autoridades.

Vemos ciudades en decadencia económica, con aduanas en cada uno de sus accesos, aduanas manejadas por las autoridades de tránsito.  Deteniendo autos y camionetas con placas foráneas.  Lo mismo en Veracruz que en cdmx, que en edomex.   Las autoridades llegan a su puesto para obtener recursos de aquéllos que no cumplen con todos los requisitos legales en el mejor de los casos,  o, peor aún, desviar recursos públicos con un absoluto descaro, total, nadie exige rendición de cuentas.  A los mexicanos se les olvida en tres meses o en tres años la mala actuación de sus autoridades, y vuelven a votar por ellos.

Mi amigo extranjero, viviendo en su utopía europea, no podía creer lo que escuchaba.  Mucho más de lo que cabe en unas cuantas cuartillas. Así que mejor te invito a reflexionar sobre el país que desearías tener, y compararlo con el que tienes, para de allí partir y decidir si vas a mover un dedo, o seguirás en tu calidad de refugiado sin derechos en tu propia patria.

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