Nunca dejes camino por vereda. Camelot.
Entrar a la autopista de Capufe, tramo Orizaba-Córdoba-Veracruz, es como entrar a la caldera del diablo, no se sabe, cuándo entras, cuánto tiempo durarás en el trayecto, con todo que el GPS te indica tiempo, lugar y tabla, como en la lotería. Para quienes vivimos en esta zona, hace años que sufrimos con Capufe, antes era la mugre autopista que formaba colas de aquí a Chacaltianguis, casi. Luego las reparaciones y el cambio de carpeta asfáltica. Son terribles, siempre andan con sus atrasos, cuando no es Juana es Chana, pero no hay semana que no se salgan con la suya. Ayer fui al Puerto de Veracruz a visita médica en la Beneficencia Española, que ahora la llaman Hospital Español, pero a mí, que soy de costumbres arraigadas, me gusta el de Beneficencia, porque conlleva todo lo que los españoles que llegaron a Veracruz forjaron cuando hicieron ese hospital, no solo para atender a sus hijos y familias, sino para atender a todos los veracruzanos. Hoy goza de cabal salud y tiene instalaciones de primera, a la altura de los mejores y, a la entrada, un piano de cola, que seguro tocó uno de los fundadores.
EL REGRESO INCIERTO
En plática con Conde, chofer designado, rememoramos un viaje a Veracruz el año pasado, que hicimos 6 horas por los tapones y las colas, madre mía, diría Martinolli de TV Azteca, eso es como si me hubiera trepado en el aeropuerto de México en un vuelo México-Nueva York. 6 horas de fastidio, calor y cansancio, un señor de los campesinos listos, muy abusado abrió rápidamente una cerca de alambre y comenzó a invitarnos a pasar por su terreno, pedía cuota de cooperación de 50 pesotes, en ese instante pasamos 10, o sea, mi amigo el campesino ya llevaba embolsados 500 pesos y faltarían otros más, ese día hizo su agosto, su familia, listos como todos los mexicanos, puso una mesa y comenzaron a vender los refrescos. La mercadotecnia en todo su esplendor, como si fuera venta de estadio de futbol mundialista, Mercadeo puro. Pues la ida a Veracruz no hubo tanto sobresalto, el apuro fue el regreso porque el GPS nos marcaba un retraso y larga cola al llegar a lo que fue la difunta caseta de Fortín, tramo la Anáhuac. Entonces buscamos un atajo. El refrán aquel dice bien que ‘nunca dejes camino por vereda’, esta vez no hicimos caso, nos metimos a un lugar cercano a Córdoba llamado El Pueblito, es una colonia popular, debía llamarse El Pueblote, porque es colonia muy grande, con tiendas como Oxxo, 7/24, Farmacias Guadalajara inmensa, muy pobladas y con todos los servicios, allí íbamos como Romero buscando a Dios, perdidos un rato pero nos empujaba el Wase: por aquí, por allá dobla a la derecha en lugares oscuros, inhóspitos, pero a Dios gracias vimos la luz (Y hágase la luz, dijo el Génesis), y cuando vimos el tramo de la antigua desaparecida caseta de Capufe, nos persignamos porque ya encontramos camino conocido.
Son los intrincados problemas o los largos y sinuosos caminos, que cantan Los Beatles, uno debe vivir siempre con la angustia de tomar esta mugre autopista de Capufe, que siempre tiene retrasos por obras, y, como dijo Cristina Pacheco: Ni hablar, Aquí nos tocó vivir.
Y llegamos sanos y salvos.











