Acertijos

LAS VIVENCIAS SANTANDERINAS (DIA 9)

Columna Acertijos de Gilberto Haz

Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias. Camelot.

Trece días caminando por estas tierras, entre Madrid y la Cantabria. Sabíamos que habría mal tiempo a nuestra llegada, fueron fríos y lluvias atípicas en toda España. Lo mismo en Madrid que en Santander. Pero aquí andamos. Nada como recorrer sus calles, ver sus pueblos milenarios y medievales, conocer su arquitectura única y platicar un poco con la gente, sobre todo los camareros que nos atienden lo mismo en cafeterías, bares y restaurantes. Hace una treintena de años la primara emigracion laboral que llegó fue de Ecuador, por doquier se veían lo mismo en sus restaurantes que en las cadenas americanas como Mc Donalds. Hoy se ha diversificado, ahora hay muchos peruanos y colombianos, un ejemplo, en Santander encontré dos taxistas, que venían orgullosos de Colombia, su pueblo, y más orgullosos cuando les hablé del futbolista James Rodríguez, un mundialista del Real Madrid, que ahora cubre su gloria en México en el club León. Uno de ellos ya lleva aquí 18 años, casado y con hijos santanderinos. Los peruanos por igual, laboran en esta ciudad que tiene una calidad de vida y seguridad envidiable, he comentado que a las 2 o 3 de la madrugada, un día que me desvelé, se ven a las jovencitas caminar solas y a pie rumbo a sus casas, muy quitadas de la pena, eso pocos países y pocas ciudades lo pueden presumir.

LO QUE VE EL QUE VIVE

He visto de todo y sin medida, cono canción de José José, cuando amaba. Visité hoy mismo el Barrio de Pesquero, un sitio llamado Casa José, que se come el mejor arroz con bogavantes, parecido al nuestro de arroz a la tumbada. Este barrio de la bahía de Santander, fue creado en 1939 cuando terminaba la Guerra Civil y Franco les dio un espacio para que allí vivieran, tiempo después fueron fijando cada uno sus restaurantes, que hoy atienden al gran turismo, con comidas sabrosonas. Platiqué con Galo, el camarero -como Gustavo Canales en La isla del amor-, que aquí así le llaman a los meseros, me habló del dueño de ese restaurante, fallecido y su hijo ahora al frente, contó parte de su historia. No son lugares tan baratos, como otras fondas que hemos encontrado. Pero riquísimo, al estilo de los grandes madrileños, pero aquí huele a barrio y la gente llera a comer a gusto.

Preparo mi regreso a Madrid, voy de vuelta para estar otros pocos días y volar a México, para luego enlazar a Veracruz y llegar a mi aldea orizabeña.

Tomaremos el tren de Renfe y dejar atrás estas montañas, un viaje muy placentero de unas 4 horas y media en 457 kilómetros, no es un tren de Alta Velocidad, como el AVE, pero se defiende muy bien. Aquí, como en otros países, no abandonaron los trenes de pasajes, como a México le tocó cuando el gobierno se desatendió de ellos, y los transportistas se hicieron de los camiones de carga, para controlar el 90 por ciento de la mercancía, que antes toda se movía por autobuses. Eso ha creado los grandes atascos carreteros y el deterioro del pavimento y, aunque en todo México  se cobran, aquí en España no he encontrado ninguna de paga, la diferencia es abismal.

Dejo los pueblos cántabros, Santander, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera, Comillas y ahí te voy Madrid. A mi café Europa, a recargar un poco las pilas, porque aquí lo que se hacía era caminar y caminar, como romero buscando a Dios. La primera caminata de 1.7 kilómetros para mi café me llevaba de Menéndez Pelayo al café Panistas, nada que ver con los azules. De allí al mediodía caminar la ciudad y buscar los pormenores. Luego, en la noche a guarecerse, porque hace frio ya veces llueve, y la botana en casa, relaja.

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