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LOS GRANDES TENISTAS

Columna Acertijos de Gilberto Haz

Entre el deporte y la desgracia. Camelot.

Es tiempo del torneo de Indian Wells, un torneo 1000, donde llegan los grandes, Alcaraz, Sinner, Shelton, Dojokovic y todos aquellos que aspiran a  las bolsas de buen dinero y a seguir escalando posiciones. El y la mujer que ganan, se embolsan 1 millón 151 mil dólares y mil puntos, el segundo lugar la mitad. El poderío del sistema americano se nota en ese parque californiano, donde se ve siempre en primera fila al gran Bill Gates, amante del tenis y seguidor de Alcaraz.

Como yo mero jugué tenis bicicletero y cimarrón, cuando mis tiempos eran los de John McEnroe y Bjon Borg y todos aquellos que un día me fui a ver al Abierto de Nueva York, allá por los 80s, presente lo tengo yo. Dolor me vio ver una fotografía de la gran Maritza Sayalero, bella mujer que fue miss Venezuela y resultó el gran amor de nuestra gloria tenística, Raúl Ramírez, número 1 en dobles, quien ganó 19 títulos de singles y 60 de dobles, destacando victorias en Roland Garros y Wimbledon.

Alguna vez de aquel tiempo, estando en una Copa Davis en el hotel Camino Real hospedados, Raúl echaba novio con su ahora esposa, Maritza, Juan Carlos mi hijo, que era pequeño, llegó a saludarle y debe haberles caído bien, porque a la media hora llegó un enviado de Raúl Ramírez y tocó en nuestro cuarto y al preguntar por el chiquillo, le entregó una raqueta de madera, de las que jugaban en ese tiempo, y con el lápiz labial de ella, Raúl la firmó. Allí la conserva JC con mucho orgullo. Toco el tema porque su esposa subió una foto con él a las redes sociales, donde anunciaba que, a sus 72 años, tenía Parkinson.

Su tenis alegró a una generación, que es la mía.

Qué Dios lo cuide y le conserve buena salud.

EL M8 ORIZABEÑO

Absortos en los deportes dominicales  y en las películas de Netflix, poco pude espiar de las legítimas protestas del M8, sobre todo en este país donde diario hay más feminicidios y secuestros y desapariciones femeninas que en ningún lugar del mundo. Un poco los de México, donde amurallan Palacio Nacional. En Orizaba poco pasó, los reportes que me llegaron fue que, se comportaron bien, aunque llegó una pintarrajeada por allí. Los edificios públicos, que son hermosos, sobre todo los dos palacios, el municipal de Colón lo respetaron, las consignas eran de justicia y de que no haya Ni Una Más, son signos de este país violento donde vivimos y a nadie le importa matar a una mujer, aunque según vemos en la tele ya los están atrapando, para que paguen con 70 años de cárcel, aunque si viviéramos en tiempos de mi general Villa, que en aquellos años revolucionarios nada pasaba de esto, primero los fusilaban y después averiguaban.

Un País, México, que a menos de 100 días de la Copa del Mundo, se deshace entre la violencia generada por los carteles y las declaraciones de míster Trump, que quiere venir por ellos, pero la presidenta Sheinbaum no lo deja entrar. Muchos piensan que los dejen, no vienen a quedarse, vienen a barrer con esa lacra que nos ha tocado vivir, donde matan, extorsionan, piden cuotas a los negocios establecidos, traían en jaque a los agricultores del aguacate y se atrevían los desgraciados a liquidarlos si no les daban su mochada.

Pobre México lindo y qué herido.

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