Las tiendas están vacías, pero la gente no pasa hambre. Camelot.
Uno que ha visitado, aunque sea una vez, La Habana, recuerdo que en aquella ocasión me hospedé en el hotel Meliá, de los españoles, asentado en Cuba. Eran hoteles un poco descuidados, porque el comunismo, que todo reparte cuando no es suyo, permitían la inversión extranjera, pero el Estado es el que operaba los negocios. Es decir, usted llegaba y ponía un hotel y los dictadores se lo aceptaban, pero la condición era que ellos lo operaban. Y lo operaban como su dios comunista los ayudaba, mal y a los fregadazos. No tenían la capacitación de los grandes hoteles. Aunque de ellos también operaban El Nacional, de gran prestigio, porque era el hotel de la mafia cuando llegaron los barbones y se fue Fulgencio Bautista, aquel fin de año del cincuenta y pico, presente lo tengo yo.
Cuba entró a la pobreza, al principio fueron ejemplo de una revolución, pero el comunismo así es, reparte lo que no es suyo y cuando se les termina piden chichi a los comunistas del mundo, como lo hicieron primero con la URSS y luego con Venezuela, hasta que llegó el libertador Trump y lo apañó y lo arrestó y hoy sufren las penas de, a veces, estar sin luz porque ya no hay quien les regale el petróleo.
LA VISITA HOTELERA
Esa vez recuerdo haber llegado en la tarde noche con mi sobrino el infante Gustavo Lila Haaz, hijo de mi hermana Rosy y el doctor Lila de Arce, volamos vía México-Cancún y La Habana, aun no volaba el jarocho de Veracruz.
En el mismo aeropuerto, o creo en otro lado, contraté a Ciro, el chofer con auto que nos pasearía una semana por la Habana. Era un viejo castrista, amaba a Fidel, los viejos lo siguen amando. Fidel aún vivía.
Fuimos directo al hotel Meliá, llevaba por recomendación de la gente que había ido, chucherías para las empleadas del hotel, porque siempre se morían por unos jeans y por cosas de cremas y cuidados de la cara, cosméticos, pues.
Unas chicas guapas se hicieron acompañar del sobrino, en el lobby las atendió y ellas a él, ya permitían un poco que la gente entrara a los lobby, prohibido a los cuartos. Cuando bajé las saludé y les dije no se lo llevaran fuera al infante, ahí brindarían y se harían amigos, ya traían las chicas sus celulares y se intercambiaron números.
Cuando les dije, antes de irme a dormir, qué querían, me dijeron rápido las dos que tenían hambre, y se les sirvieron grandes y ricos sándwiches.
Toqué un poquito de las vivencias de La Habana, porque ahora mismo leo que los hoteles Meliá, se van de Cuba después de 30 años de operar. Y dejan sin chamba a mil empleados.
La presión de Trump acaba por descomponer todo y ya debían irse estos dictadores comunistas. Las recientes sanciones de Estados Unidos contra el Ministerio de Turismo fulminaron las alternativas legales de la compañía, que ya abandonó en junio de 2026 unas 15 instalaciones del conglomerado militar GAESA.
El retiro choca con un obstáculo financiero. El régimen debe más de 50 millones de euros a Meliá. El gobierno mantiene estos fondos inmovilizados en su sistema bancario ante su incapacidad de concretar la repatriación del capital.










