Orizaba, Ver.– La cafeticultura veracruzana enfrenta uno de sus escenarios más complejos en los últimos años. A la caída estimada del 15 por ciento en la producción estatal durante el último ciclo se suman nuevos impuestos, aranceles y el encarecimiento generalizado de insumos, factores que ya impactan directamente en el precio que paga el consumidor.
Así lo advirtió Antonio Rivas Corona, empresario cafetalero, quien explicó que la disminución en la cosecha responde principalmente a los efectos acumulados de la sequía severa registrada hace aproximadamente dos años, así como a variaciones climáticas extremas y al avance de plagas como la roya y la broca.
“La planta no se recuperó como debía. El café es altamente sensible al clima: si hay demasiado calor o frío, el fruto no se desarrolla o incluso la mata muere. Y cuando eso ocurre, se requieren hasta cuatro años para que vuelva a producir”, señaló.
Recordó que Veracruz es una de las entidades emblemáticas en la producción del aromático al contar con zonas cafetaleras que van de Coatepec a la Sierra de Zongolica, ubicadas entre los mil 200 y mil 600 metros de altitud, lo que las hace más vulnerables a los cambios ambientales. En contraste, Chiapas líder nacional posee plantaciones a más de 2 mil 400 metros, condiciones ideales para el café arábigo.
Explicó que entre diciembre y enero, el precio del kilo de café registró un incremento de entre 15 y 20 por ciento, lo cual ya se refleja en el consumidor final: una taza de café americano, que anteriormente costaba alrededor de 35 pesos, hoy se comercializa hasta en 45 pesos en cafeterías y restaurantes.
Rivas recordó que el café es un commodity que cotiza en las bolsas internacionales de Londres y Nueva York, por lo que cualquier ajuste comercial, barrera arancelaria o movimiento en el mercado global repercute en los costos locales y los cafés especializados muestran incrementos más pronunciados pues un kilo con proceso honey puede oscilar entre 700 y 800 pesos, mientras que un café de especialidad alcanza hasta mil 200 pesos por kilo.
A ello se suman los costos operativos. “Todo ha subido: vasos, tapas, endulzantes, servilletas. Los márgenes de ganancia se han reducido considerablemente”, puntualizó.
Pese al contexto adverso, el empresario destacó que en la reciente cosecha de café cereza llegó a pagarse hasta en 22 pesos por kilo, lo que ha incentivado a productores a transformar su producto a pergamino o café verde, e incluso a comercializarlo tostado y molido bajo marcas propias.
Rivas explicó que el valor del café depende no solo de la región sino de las prácticas agrícolas implementadas: manejo de sombra, riego eficiente, procesos orgánicos y reducción de agroquímicos, además de que el café artesanal, implica que el productor controle toda la cadena, desde el cultivo hasta la comercialización, lo que justifica un precio superior frente al café industrial.
Ante ello, Rivas hizo un llamado a las autoridades para implementar apoyos focalizados, especialmente para pequeños productores. “Es urgente que cuenten con recursos para fertilización y mantenimiento. De lo contrario, la situación puede agravarse”, advirtió.






















