Vivimos en un planeta convulso al extremo. Parece que la humanidad entró en una espiral de exterminio irreversible: La guerra en Ucrania, el conflicto que amenaza convertirse en guerra entre China y Taiwán; los bombardeos de Israel en la Franja de Gaza; hemos cruzado una pandemia que dejó millones de muertos, somos amenazados por la viruela símica y ahora por un nuevo virus descubierto en China denominado Henipavirus del cual desconocemos sus alcances y consecuencias.
Pero no es necesario ir demasiado lejos llámese Europa, Asia, Medio Oriente o Indochina, para ver los graves riesgos que enfrenta la humanidad producto de nuestra obsesiva terquedad para no detenernos.
Estados Unidos, Francia, España y México entre otros afrontan graves consecuencias del cambio climático y el calentamiento global.
¡Agua! es el mayor reto que tenemos enfrente sin capacidad de resolverlo a mediano y mucho menos a largo plazo.
Consideramos que la forma más sencilla para detener el calentamiento global es la reforestación y detener la emisión de bióxido de carbono.
Y no vamos muy lejos.
En Veracruz, los habitantes de la zona centro enfrentan un sombrío futuro debido a que el último glaciar que nos abastece de agua tiene contados sus días. Cuando mucho tendremos agua los próximos 10 años y hasta ahí.
Lo peor es que nadie hace nada. Salvo emitir quejas, condenas a actuales gobiernos y vociferar en redes.
Pero esto es un problema que originamos hace muchas décadas.
De nada sirve sembrar unos cuantos arbolitos y olvidarnos de ellos. Nadie los cuidará y nuevas generaciones llegarán a derribarlos constituyendo un trabajo inútil y sin fin.
El grave problema está en nuestros bosques de las altas montañas, en especial los del parque nacional Pico de Orizaba.
La tala despiadada de sus faldas ha causado no solo la extinción de grandes manantiales sino también de especies animales, aves y el exterminio de abejas que se encargan de la polinización.
Nadie dice organicemos grupos y vamos a sembrar allá arriba arbolitos.
Nadie tiene interés en aportar recursos para pagar a campesinos que tienen la capacidad y condición física para escalar a pie y sin equipo la gran montaña para sembrar arbolitos.
Los últimos programas de reforestación que se llevaron a cabo en el Pico de Orizaba datan del gobierno de Duarte, cuyo gobierno contrató a decenas de jornaleros para que sembraran las faldas de la montaña más alta de México, pero nunca les pagó.
Con Yunes Linares jamás se reactivaron los programas de siembra y con Cuitláhuac se liquidaron a la mayoría de trabajadores de organismos dedicados al cuidado y protección de los bosques de Veracruz, entre ellos Conafor.
Sumado a ello, hordas de taladores, protegidos por el crimen organizado a diario atacan los pocos árboles que quedan y en grandes camiones descienden esa riqueza saqueada para la fabricación de muebles rústicos, tarimas o en el peor de los casos la elaboración de carbón.
Pese a que ambientalistas siguen denunciando el enorme saqueo y daño ambiental que esto representa nadie tiene interés en actuar y así llevamos muchos años.
Hasta que el destino y nuestros actos consecuentes nos alcancen.

















