No cabe duda que el mexicano es un pueblo muy manipulable. Somos adoradores de las películas de Pedro Infante, de las telenovelas y la Rosa de Guadalupe, y buscamos desesperadamente un triunfo acostumbrados al eterno fracaso.
Vamos por partes, decía Jack el destripador. Primero el general secretario: Llora y en lágrimas desflora la pena letal que le asesina. Como dirían mis amigos chairos, ¨Y por qué no lloró cada vez que el crimen organizado asesinaba, torturaba, secuestraba, extorsionaba o dañaba a mexicanos¨. ¿Acaso sólo le duelen sus soldados? O peor aún, ¿Reconoció una falla en la estrategia, que le costó a un ejército entrenado, equipado y capacitado tantas bajas? En medios castrenses fue muy criticado por quebrarse ante la nación. En medios políticos fue aplaudido por su capacidad histriónica.
¿Qué se logró? ¿Se eliminó la protección política que tiene el CJNG en todos los estados que controla? ¿Se detuvo a toda la red de empresarios que lavan dinero o mueven los productos como el huachicol? ¿Se redujo su control territorial? ¿La población se siente más segura y protegida por las autoridades? ¿Hay gobernadores ligados a esa organización criminal detenidos? ¿Hay presidentes municipales detenidos? La respuesta a todo ello es un rotundo NO. Esto significa que el gran triunfo y logro de las autoridades mexicanas obedeciendo órdenes del comando norte, simplemente no existe.
El presidente Trump si puede presumir un logro: El sometimiento absoluto del estado mexicano a sus designios. Pero para los mexicanos nada cambia. Si acaso empeora. Porque ahora conocemos los estados que controla y el poderío de esa organización criminal sin lugar a dudas. Y también sabemos que puede haber una fragmentación o guerra entre diversas facciones de ese grupo, lo cual pondría en peligro a más civiles.
Todos los analistas coinciden en que al reducir el tráfico de drogas a Estados Unidos, las organizaciones criminales van a buscar cómo recuperar el dinero que se pierde debido a ello. Es decir, ahora los mexicanos pagaremos un mayor costo por mantener las cosas igual que siempre.
En todos los países dónde se ha logrado reducir el poderío del crimen organizado, se han realizado juicios masivos, dónde el poder del estado queda de manifiesto, debido a que ataca de raíz el problema, y con ello, ante el juez encuentras empresarios, miembros de las fuerzas armadas, funcionarios, miembros de las fuerzas del orden, políticos, y miembros de las mafias, todos sentados codo a codo en el banquillo de los acusados. Porque todos forman parte de la misma red criminal que se beneficia de las actividades del crimen organizado.
En México el poder político, el poder económico, y el poder social, todos tienen vínculos con el crimen organizado. Todos obtienen beneficios del tráfico y venta de personas, del tráfico de drogas, del asesinato por encargo, de la extorsión, del derecho de piso, de la venta ilegal de productos legales, y de la venta y trasiego de productos ilegales. Las organizaciones criminales de México son las más poderosas del mundo. Han crecido a la sombra y con la complicidad de los grandes actores sociales y políticos. Incrementaron brutalmente su influencia y poder territorial durante el gobierno de AMLO, pero fueron usados y tolerados prácticamente por todos los gobiernos desde la revolución.
La ética social en el país es nula. Sólo quién vive en su burbuja desconoce cómo funcionan los pactos entre gobierno, fiscalías, jueces, policías, ejército, marina, alcaldes, gobernadores, senadores, diputados federales y locales, secretarios de estado federal y estatales, empresarios, sindicatos, vendedores ambulantes, fabricantes de productos pirata, etc., y las organizaciones criminales. El tejido social está podrido, y sólo un estadista desde la presidencia de la república podría comenzar a limpiar la casa, en una labor que seguramente no durará seis años.
Para el mexicano es común y normal lo que pasó el domingo. Todos sabemos que los criminales pueden desestabilizar al país. Entendemos también que solo se combate el crimen que a Estados Unidos conviene combatir, mientras el mexicano de a pie, sigue indefenso ante autoridades corruptas y criminales protegidos por esas mismas autoridades.
Mientras el mundo mira asombrado un país en manos de criminales, los mexicanos vemos una respuesta esperada por todos, menos por las autoridades que no quisieron enfrentar esa respuesta. Así, México como marca-país, no solo queda señalado como un país sin justicia, dónde una dictadura en ciernes destruye instituciones democráticas para conservar el poder y continuar saqueando las arcas públicas. También se observa desde fuera, que México es un país con una fragilidad institucional brutal, un país donde el gobierno no gobierna, y donde el imperio de la ley solo existe en las telenovelas y en la Rosa de Guadalupe, programas tan creíbles y preciados para la mayoría de la población.
Ese es el México actual. Un México en el que cada uno piensa que no puede hacer nada para remediarlo. Quizá el mayor logro de las autoridades en los últimos sexenios. Y si nada puedo hacer, nada hago. Jamás pasaría por la cabeza de un mexicano, pensar que TODOS si podemos hacer algo, porque sabe además, que cualquier acuerdo colectivo, será violado, pues no hay lealtad ni palabra que valga ante la opción de recibir algo por la traición a la patria. Mejor seguimos comentando cómodamente sentados. Burlándonos del que se atreve a decir o a hacer algo en público y dando la cara. La cobardía desde el sillón la disfrazamos de valentía y valor civil. México no vale un sacrificio de los propios mexicanos.
Mientras tanto, el gobierno federal trata de hacernos creer que todo cambió en el mundo criminal, cuando en realidad, todo sigue igual, sólo cambian a un actor.
@jmcmex











