Todo parece indicar que al mexicano promedio, (que es la inmensa mayoría) le fascina la mediocridad. La aceptación de la falta de calidad, nula eficiencia, y ausencia de competencia, parece que forma parte de la cultura nacional. Antes de que te molestes amable lector, a las pruebas me remito:
En México la gasolina es mucho más cara y de mucha peor calidad de la de Estados Unidos. Todo indica que aunque se importe de allá, aquí se adultera con el fin de obtener mayores utilidades. Pregunte a quien desee, el rendimiento que le da un auto en México y el rendimiento de ese mismo auto en Estados Unidos.
Los servicios médicos que presta el sector público son de muy baja calidad, y no me refiero a los médicos y enfermeras, o personal administrativo, que hacen lo que pueden con lo que tienen, sino a que jamás te atenderán a la hora de tu cita, no habrá rapidez para efectuar análisis y estudios de imagen que requiere tu enfermedad, si se requiere operación, habrá que tener la paciencia de Job para esperar que algún día te operen. Visitar un área de urgencias, equivale a acercarse al infierno, con decenas de personas que requieren atención inmediata pero deberán esperar horas para ser atendidos, y todo porque el dinero que debería de invertirse en salud y en atención a los mexicanos se desvía para los bolsillos de los gobernantes en turno, o se regala a Cuba.
Salir del país y conocer carreteras en otros países es la prueba más evidente de la mediocridad, de nuestras vías de comunicación. Regresa uno a México y se siente como si uno regresara en el tiempo a una sociedad atrasada y prácticamente pre tecnológica, con baches en las carreteras, topes, nula señalización.
Si hablamos de educación, la mediocridad es la reina en esa área. La nueva escuela mexicana es peor que la vieja escuela en cuanto a la educación que brinda. Si a eso añades que por ley no puede reprobar nadie, sin importar que pase de año quién no posea los conocimientos mínimos indispensables, entendemos el por que el mexicano es de los menos preparados entre los países con los que competimos. Debemos entender que a menor preparación, menor ingreso y menor productividad.
Si observamos a los servidores públicos, podemos tener un festín de mediocridad. Antes, cuando gobernaba el PRI o el PAN, tener algún diputado, senador o funcionario absolutamente estulto e ignorante, era algo anecdótico. Hoy con morena, da la impresión de que para seleccionarlos, escogen a los que no saben leer, a los que solo declaran tonterías, a los más tontos y sumisos.
Si nos vamos a la administración de justicia, basta ver a los ministros de la suprema corte del acordeón para comprender que ninguno de ellos tiene los méritos ni la capacidad para ocupar el puesto de ministro. Y sin embargo allí están, para goce de noticieros y comentaristas extranjeros, y para humillación para México.
A dónde voltea uno encuentra mediocridad. Desde el tipo que te vende tacos, hamburguesas o cocos, y con la misma mano que prepara los alimentos, también cobra. La absoluta falta de higiene es proverbial, al gado de que los visitantes extranjeros saben que deben cuidarse y mucho de un problema intestinal causado por la falta de higiene.
La mejor prueba de que el mexicano ama la mediocridad es la aprobación de gobiernos que en los hechos demuestran que son incompetentes, o peor aún, enemigos de los propios mexicanos. Hoy sabemos que 14 estados de 32 están controlados por organizaciones criminales con más poder que los gobiernos estatales y federal. El 43.75% del territorio nacional ha perdido soberanía, pues el gobierno ya no ejerce su poder allí. Si sumamos municipios y zonas en otros estados controladas por organizaciones criminales, veremos que más del 50% del territorio nacional está gobernado por criminales. Y la aprobación del gobierno sigue alta, por lo menos eso reflejan las votaciones.
Al mexicano no le gusta la democracia, eso de poder elegir quién lo gobierne, y castigarlo si lo hace mal, votando por otro partido no es para México. Aquí el partido gobernante pudo desmantelar la democracia y aun así lograr votaciones históricas. Pudo apropiarse de manera ilegal de una mayoría calificada en el congreso federal y sigue con aceptación histórica. Entiendo que los partidos de oposición no ofrecen gran cosa, pero la aprobación del partido en el poder es innegable.
Si hablamos de procuración de justicia, sabemos que al mexicano no le importe tener uno de los sistemas de procuradurías más mediocre del mundo. Las estadísticas muestran que tiene una efectividad de entre el 2 y el 3%. Lo mismo pasa con la administración de justicia en el fuero común y ahora en el federal. México se autodenomina un país de leyes, pero es un país dónde se puede violar la ley con un 97% de probabilidad de salir impune.
El mexicano sabe que las cifras que presenta el gobierno sobre muertes violentas son falsas. Sabe que desde la máxima tribuna del país, hoy convertida en show cómico musical, la presidenta y antes el presidente mentían de una manera absoluta y descarada, sin que ello mermara su aprobación social. Al mexicano le gusta tener presidentes mediocres, alcaldes mediocres, gobernadores mediocres. Los resultados de los últimos 50 años están a la vista.
No voy a seguir con los ejemplos para no aburrir al respetable público. ¿Dudas que México sea un país mediocre con gente mediocre que ama la mediocridad? Y eso no hablé de la mediocridad y traiciones de los partidos de oposición.
@jmcmex











