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Imagina la crisis constitucional

Todos los acontecimientos en esta vida tienen un origen, a veces perdido en el tiempo. Por ejemplo, sin la conquista de Constantinopla por parte de los Turcos, quizá se hubiera retrasado el descubrimiento de América pues no hubiera habido el incentivo de encontrar otras rutas para obtener productos y comerciar con las indias orientales.

Lo mismo pasa en la política mexicana. Lo que sigue es un ejercicio de absoluta ficción, sin ninguna prueba que demuestre absolutamente nada de lo que voy a comentar a continuación.  Y sin embargo, es un escenario posible.

En el momento en que el presidente Trump decida resolver el problema del ¨epicentro de violencia por drogas y terrorismo en América¨, va a voltear a ver a México con mucho mayor interés y podrá buscar presionar mucho más fuerte a la presidenta de México para que ella permita el libre tránsito y libre actuación de los efectivos norteamericanos, destinados a resolver ese problema.

Si la presidenta se sigue oponiendo, cabe la posibilidad de que la casa blanca libere buena parte de la información que posee sobre la intervención de las organizaciones criminales en la elección de 2024.  Si hubiera pruebas suficientes de que hubo intervención de criminales para  beneficiar a la coalición en el poder, esa sería razón suficiente para legalmente exigir la extinción del gobierno en funciones, de los funcionarios electos gracias a esos apoyos y componendas con grupos criminales, y la destrucción de cualquier ley aprobada por mayoría ilegítimas desde el momento de toma de posesión a la fecha en que suceda.

La crisis constitucional sería  brutal.  Los diputados, los senadores, muchos gobernadores y la presidenta de la república deberían ser destituidos, y todas las resoluciones legales, acuerdos, circulares, decretos, decisiones en general, leyes, reformas constitucionales, etc. Quedarían sin efecto. 

El problema fundamental es que en México no tenemos mecanismos legales para enfrentar una situación de esa naturaleza.  Una situación extrema que nadie pudiera desear que se presentara, pues la crisis legal y social que pudiera derivar de ello sería enorme. 

Sin mecanismos legales, habría que nombrar un presidente sustituto, pero no habría congreso de la unión legalmente electo que pudiera llevar a cabo el procedimiento.  Lamentablemente la única opción sería que un hombre o mujer fuerte tomara el poder, y pusiera orden en la democracia mexicana, lo cual parece llevar a la posibilidad de un golpe de estado, para no perder gobernabilidad ni tranquilidad social en México.

Conociendo la psicología del mexicano, solo una minoría extremadamente radical saldría a defender con las armas al gobierno del cual se hubiera demostrado que no es legítimo, así que quizá fuera la única solución viable.

La secretaría de marina en estos momentos enfrenta una crisis de confiabilidad y respetabilidad como nunca en la  historia moderna de la institución.  Los mandos que al interior pugnan por un juicio implacable al ex secretario de marina durante el sexenio de López, y los que defienden a capa y espada ocultar los delitos cometidos por la institución en ese sexenio, no ha hecho más que escalar desde el cambio de gobierno federal.  De lo que todos están seguros es de que si no se lleva a cabo una limpia con la ley en la mano, la Marina Armada de México, su prestigio, y la confianza que los mexicanos habían depositado en ella durante muchos años, se habrán perdido por varias generaciones.   Apostar al olvido es una apuesta muy riesgosa.

La única institución con suficientes efectivos y capacidad de mantener una relativa paz social en caso de una situación hipotética como la mencionada es en estos momentos el ejército mexicano, y en el momento en que se presentara la obligación de salvar a la patria de esa manera, tendría que llevarse a cabo una limpia al interior de esa institución, ya que es sabido que la corrupción también ha tocado a mandos que se han aliado a organizaciones criminales para lucrar haciéndose de la vista gorda.

Si el ejército no limpiara su propia casa, carecería de legitimidad, lo cual haría mucho más difícil que se aceptara una toma de gobierno, que curiosamente no sería un golpe de estado, sino una situación temporal para poner orden en el país, en tanto se convoca a nuevas elecciones y se  reconstruyen las instituciones destruidas a partir de la entrada de la nueva legislatura en septiembre de 2024.

La obligatoria detención y posterior juicio de funcionarios y ex funcionarios de altísimo nivel, obligaría a tomar control de los gobiernos de varios estados del país, y de las secretarias y principales instituciones del estado mexicano, para que continúen y mejoren su funcionamiento en beneficio de los mexicanos.

Imaginar un escenario de este tipo, por muy desagradable que suene a quienes amamos a México, no es algo absurdo, dadas las  circunstancias actuales de la relación de algunos gobiernos de morena con organizaciones criminales, catalogadas como enemigos de Estados Unidos.

Pensar en la violencia que naturalmente se desataría, no únicamente por las organizaciones que conocemos como cárteles, sino también por las organizaciones criminales y grupos de choque controlados por el gobierno federal y los estatales, es algo que sería obligatorio para el plan de pacificación que tendría que venir una vez consumados los hechos.

México tendría que pagar un precio muy alto, por la ineficiencia y complicidad de muchos gobiernos que permitieron el crecimiento de organizaciones criminales, tanto los cárteles como los grupos criminales que operan desde dentro del sistema.  

Esperemos que la presidenta pueda entender lo que se viene para  México, y saber justificar o capotear los ataques que seguramente se van a generar contra los enemigos de los intereses de Estados Unidos en México.   Evitar generar una crisis diplomática.  Evitar envolverse en una bandera que su gobierno no ha sabido defender, al no enfrentar a los criminales dentro y fuera del gobierno, debería de ser la principal prioridad de la presidenta de México, y sus asesores.  Ello implica dejar la retórica absurda de una soberanía nacional inexistente y dejar de hablar de masiosares y tonterías que sólo alimentan a un ávido público interno, pero que nada resuelven ante el conflicto internacional que se avecina.

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