La respuesta fácil sería señalar al maestro. La respuesta cómoda, culpar al alumno. La respuesta políticamente conveniente, responsabilizar al gobierno anterior.
Pero la educación no funciona así. Los resultados de una generación escolar son la consecuencia acumulada de decisiones, omisiones, políticas públicas, condiciones sociales y prácticas educativas que se construyen durante años.
Por eso conviene formular la pregunta de otra manera: ¿Qué ha hecho el Estado mexicano para que millones de jóvenes aprendan aquello que necesitan para comprender, razonar, resolver problemas y participar plenamente en la sociedad?
Los resultados de PISA 2022 ofrecen un dato difícil de ignorar. México obtuvo 395 puntos en Matemáticas, 415 en Lectura y 410 en Ciencias. En 2018 había obtenido 409, 420 y 419 puntos, respectivamente. Es decir, hubo retrocesos de 14 puntos en Matemáticas, cinco en Lectura y nueve en Ciencias.
NO ES NECESARIO DRAMATIZAR. LOS NÚMEROS HABLAN.
Tampoco es correcto decir que México “reprobó” un examen en el sentido escolar del término. PISA no califica a un país como si fuera un alumno de secundaria. Evalúa las competencias de jóvenes de 15 años y permite comparar el desempeño de los sistemas educativos. En 2022, México quedó por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas evaluadas.
EL PRIMER RESPONSABLE: EL ESTADO
La educación pública no es una dádiva del gobierno. Es un derecho y una responsabilidad constitucional del Estado. Por ello, cuando los aprendizajes nacionales presentan deficiencias persistentes, la primera obligación es revisar las políticas educativas: planes y programas de estudio, formación y actualización docente, infraestructura, materiales, gestión escolar, evaluación, acompañamiento pedagógico y distribución de recursos.
UNA RESPONSABILIDAD ACUMULADA
Desde el año 2000, México ha participado en distintas ediciones de PISA. Los resultados muestran una historia irregular: hubo avances, retrocesos y periodos de relativa estabilidad. En Matemáticas, por ejemplo, México pasó de 387 puntos en 2000 a 419 en 2009; posteriormente descendió hasta 395 en 2022.
La gráfica histórica debería ser observada por cada secretario de Educación, cada gobernador, cada legislador que haya participado en la discusión presupuestal y cada autoridad responsable de las escuelas. Porque el problema no nació ayer. Tampoco desaparece con el cambio de nombre de un modelo educativo.
Aquí es necesario detenerse. En el debate público suele aparecer una tentación peligrosa: responsabilizar al maestro de todo aquello que el sistema no consiguió resolver.
El docente tiene, por supuesto, una responsabilidad profesional fundamental: enseñar. Pero no decide el presupuesto educativo nacional, no determina las condiciones socioeconómicas de sus alumnos, no diseña por sí solo los planes de estudio, no construye las escuelas, no establece las políticas nacionales de formación docente y tampoco controla las desigualdades territoriales.
México tenía en el ciclo 2022-2023 más de 24 millones de alumnos de educación básica y más de 1.2 millones de docentes en ese nivel. Reducir una realidad de semejante magnitud a la supuesta incapacidad de los maestros sería una simplificación. Más aún cuando la propia SEP, al conocer los resultados de PISA 2022, reconoció que los estudiantes mexicanos enfrentaban retos en Matemáticas, Español y Ciencias, y relacionó parte del retroceso con las consecuencias de la pandemia y con la necesidad de transformar el modelo educativo.
LA PANDEMIA EXPLICA UNA PARTE, NO TODO
La COVID-19 alteró profundamente la educación mundial. Millones de estudiantes dejaron las aulas. Se interrumpieron procesos de enseñanza. Se modificaron las relaciones entre alumnos, maestros y familias. La recuperación fue desigual. Pero convertir la pandemia en explicación universal sería otro error. El propio historial de PISA demuestra que los problemas educativos mexicanos son anteriores a 2020. La pandemia pudo profundizar determinadas deficiencias; no las inventó.
LA POBREZA TAMBIÉN ENTRA AL SALÓN DE CLASES
Existe otro responsable que pocas veces aparece en los discursos: la desigualdad social. No aprende de la misma manera un adolescente que dispone de libros, computadora, internet, alimentación suficiente, espacio adecuado para estudiar y padres que pueden acompañarlo, que otro que enfrenta carencias económicas, inseguridad, trabajo infantil, problemas familiares o dificultades de acceso a servicios básicos.
La propia documentación de la SEP ha señalado la relación entre nivel socioeconómico y desempeño educativo. Esto no significa aceptar la desigualdad como destino. Significa comprender que la escuela no puede ser evaluada al margen de la sociedad en la que funciona. Precisamente por eso el Estado tiene una responsabilidad mayor: compensar las desigualdades, no reproducirlas.
TAMBIÉN HAY UNA RESPONSABILIDAD FAMILIAR
La familia no sustituye a la escuela, pero tampoco puede desentenderse de ella. Leer, conversar, acompañar las tareas, fomentar la disciplina intelectual, estimular la curiosidad y valorar el conocimiento forman parte del ambiente educativo.Pero tampoco aquí debe construirse un nuevo culpable.
Una familia que lucha diariamente por sobrevivir no dispone necesariamente de las mismas posibilidades que una familia con recursos económicos y culturales abundantes. La responsabilidad educativa, por tanto, debe ser compartida, pero no necesariamente distribuida en partes iguales. Quien tiene mayor capacidad de decisión y mayores recursos tiene también mayor responsabilidad.
Y HAY OTRA PREGUNTA: ¿QUÉ ESTAMOS ENSEÑANDO?
PISA no solamente pregunta cuánto recuerda un estudiante. Busca conocer qué puede hacer con lo que sabe. Puede comprender un problema matemático y resolverlo. Puede leer un texto y extraer su significado. Puede utilizar conocimientos científicos para interpretar fenómenos. Aquí aparece una discusión de fondo: ¿estamos educando para repetir información o para pensar? Durante décadas, el sistema educativo mexicano ha transitado por reformas curriculares sucesivas. Cada gobierno ha presentado su propia concepción de la escuela, del maestro, del alumno y del aprendizaje. Cambian los nombres. Cambian los documentos. Cambian las metodologías. Pero el desafío fundamental permanece:
QUE EL ALUMNO APRENDA.
La Nueva Escuela Mexicana tampoco está exenta del escrutinio. La SEP sostuvo, al presentar su posición sobre PISA 2022, que los resultados confirmaban la necesidad de un cambio en el modelo educativo y señaló la implementación del Plan de Estudio 2022 y de la Nueva Escuela Mexicana.
PERO TODA POLÍTICA PÚBLICA DEBE SER SOMETIDA A EVALUACIÓN.
No basta anunciar una transformación. Habrá que comprobar, con evidencia, si los alumnos leen mejor, comprenden mejor las matemáticas, razonan científicamente y pueden utilizar esos conocimientos para resolver problemas. La educación no puede evaluarse solamente por la nobleza de sus propósitos. También debe juzgarse por sus resultados.
NO BUSQUEMOS UN SOLO CULPABLE
La pregunta inicial puede contestarse ahora con mayor precisión. ¿Quién reprobó a México? No fueron los jóvenes de 15 años.Tampoco puede responsabilizarse al magisterio nacional en su conjunto.
El resultado pertenece a un sistema educativo construido durante décadas, bajo gobiernos de distintos partidos, con políticas diferentes y con desigualdades sociales que siguen presentes. La responsabilidad alcanza, en distintos grados, a las autoridades educativas federales y estatales, a los diseñadores de políticas públicas, a los gobiernos que asignan los recursos, a las instituciones formadoras de docentes, a las escuelas, a las familias y, desde luego, a quienes participan directamente en el proceso educativo.
PERO HAY UNA DIFERENCIA ESENCIAL.
El alumno es el resultado. El Estado es el responsable de garantizar las condiciones para que ese resultado mejore. Por eso PISA debería dejar de utilizarse como arma política y convertirse en instrumento de diagnóstico. México no necesita otra guerra de culpables. Necesita saber qué está fallando, dónde está fallando, a quién afecta más, cuánto cuesta corregirlo y cuánto tiempo tomará hacerlo.
Porque detrás de los 395 puntos en Matemáticas, de los 415 en Lectura y de los 410 en Ciencias, no hay solamente estadísticas. Hay millones de jóvenes. Y detrás de ellos, el futuro de México.
La Tijera corta donde debe cortar: no contra el maestro que enseña, ni contra el alumno que aprende, sino contra las políticas que durante años no han conseguido que aprender sea una realidad para todos.
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Bibliografía
OCDE (2023). PISA 2022 Results. Volume I: The State of Learning and Equity in Education. París: Organisation for Economic Co-operation and Development.
OCDE (2023). PISA 2022 Country Notes: Mexico. París: Organisation for Economic Co-operation and Development.
Secretaría de Educación Pública (SEP). Resultados de PISA 2022 y posicionamiento de México. Gobierno de México, 2023.
Secretaría de Educación Pública (SEP). Plan de Estudio para la educación preescolar, primaria y secundaria 2022. México: SEP, 2022.
Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). México en PISA 2018. México: INEE, 2019.
INEE (2019). La educación obligatoria en México. Informe 2019. México: Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículo 3.º, relativo al derecho a la educación y las obligaciones del Estado mexicano.









