Hay nombres que pertenecen a la memoria de una nación. No son propiedad de un gobierno, de una ceremonia ni de una época. Son patrimonio de la historia.
Por ello, al conmemorarse el 216 aniversario del inicio de la Independencia de México, resulta inevitable detenerse en un nombre fundamental de aquella gesta: Ignacio María de Allende y Unzaga, militar, conspirador y uno de los principales organizadores del movimiento insurgente.
Su ausencia en una arenga patriótica no modifica la historia. Pero sí permite formular una pregunta: ¿cuántas veces la memoria oficial simplifica una epopeya colectiva hasta convertirla en la historia de unos cuantos nombres o mujeres? merece algo más que una mención secundaria.
EL MILITAR QUE SE REBELÓ.
Ignacio Allende nació el 21 de enero de 1769 en San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato. Criollo de familia acomodada, ingresó al ejército virreinal en 1795 y desarrolló una importante experiencia militar. No fue un improvisado. Conocía la disciplina castrense, las armas, la organización de tropas y el territorio de la Nueva España. Su paso por distintos destinos militares, entre ellos Jalapa, le permitió relacionarse con otros criollos inconformes con el sistema colonial. Cuando comenzó a madurar la conspiración independentista, Allende ya contaba con experiencia, relaciones y prestigio militar.
LA CONSPIRACIÓN DE QUERÉTARO.
La conspiración que desembocaría en la insurrección reunió a diversos personajes. Entre ellos estuvieron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Miguel Domínguez y Josefa Ortiz de Domínguez. Querétaro se convirtió en uno de los principales centros de aquella conspiración. El movimiento fue descubierto antes de que pudiera ejecutarse conforme al plan original. La denuncia puso en peligro a los conspiradores y obligó a adelantar el levantamiento. La noticia llegó a quienes preparaban la rebelión
HIDALGO Y ALLENDE.
En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo convocó al levantamiento. La campana de Dolores se convirtió desde entonces en uno de los grandes símbolos nacionales. Pero detrás de aquel momento había meses de conspiración, reuniones y preparativos. La Independencia no nació únicamente de una campana. Nació también de una conspiración. Y en esa conspiración, Allende tuvo un papel esencial. La historia tradicional suele presentar a Hidalgo como dirigente absoluto y a Allende como su subordinado militar. La realidad fue más compleja. Hidalgo poseía una enorme capacidad para movilizar a la población. Allende tenía experiencia militar y una preocupación constante por organizar aquella multitud como una fuerza capaz de combatir al ejército virreinal.
LA INSURGENCIA AVANZÓ RÁPIDAMENTE.
Después de la toma de Guanajuato, los rebeldes llegaron a Valladolid y posteriormente derrotaron a las fuerzas realistas en el Monte de las Cruces, en octubre de 1810. La Ciudad de México estaba al alcance. Sin embargo, Hidalgo decidió no avanzar sobre la capital y ordenó la retirada. Allende no estuvo de acuerdo. A partir de entonces se profundizaron las diferencias entre ambos. No fueron únicamente desacuerdos personales. También existieron diferencias sobre la estrategia militar, la disciplina de las tropas y la conducción del movimiento. Allende era consciente de que una multitud armada no podía convertirse automáticamente en un ejército disciplinado.
GUANAJUATO Y LA VIOLENCIA.
Uno de los episodios más controvertidos de la primera etapa insurgente fue la toma de la Alhóndiga de Granaditas. La caída de Guanajuato estuvo acompañada de una violencia extrema. Hubo asesinatos, saqueos y agresiones contra civiles. Presentar aquellos acontecimientos únicamente como una matanza indiscriminada de españoles y sus familias simplifica una situación mucho más compleja. La guerra insurgente rápidamente adquirió dimensiones sociales y políticas que escaparon al control de sus dirigentes. Allende entendió el peligro.
La indisciplina de las tropas podía destruir militarmente el movimiento. Después de la derrota en Aculco, las diferencias entre los dirigentes insurgentes aumentaron. Finalmente, el ejército rebelde sufrió otra derrota decisiva en el Puente de Calderón, en enero de 1811. La primera gran ofensiva insurgente había fracasado.
LA TRAICIÓN Y LA MUERTE.
Los principales dirigentes emprendieron entonces el camino hacia el norte con la intención de reorganizarse y buscar apoyo. Pero en Acatita de Baján, en marzo de 1811, fueron sorprendidos y capturados. La captura representó un golpe decisivo para el movimiento. Allende, Hidalgo, Aldama y Jiménez fueron trasladados a Chihuahua. El 26 de junio de 1811, Ignacio Allende fue fusilado. Su cabeza fue posteriormente expuesta en la Alhóndiga de Granaditas junto con las de otros dirigentes insurgentes. El propósito era evidente: aterrorizar a la población y detener la rebelión. No lo consiguieron. La lucha continuó. Otros hombres y mujeres tomarían la bandera insurgente. Morelos conduciría después una nueva etapa de la guerra y, finalmente, en 1821, la Independencia sería consumada.
ALLENDE Y LA MEMORIA NACIONAL.
Ignacio Allende no necesita ser colocado por encima de Miguel Hidalgo para reconocer su importancia. La Independencia fue una obra colectiva. Hidalgo representa el llamado inicial y la extraordinaria capacidad de movilización popular.
Allende representa, en buena medida, la organización militar y la conspiración previa. Aldama participó activamente en los preparativos. Josefa Ortiz de Domínguez contribuyó decisivamente a que los conspiradores conocieran que habían sido descubiertos. Después vendrían Morelos, Leona Vicario, Guerrero y muchos otros.
La historia no fue escrita por un solo hombre. Fue construida por una generación que enfrentó al poder virreinal y pagó un precio enorme por hacerlo. Por eso, recordar a Allende no significa disminuir a Hidalgo. Significa comprender que la Independencia fue mucho más grande que un solo nombre.
LA TIJERA CORTA EL OLVIDO.
La historia también necesita una tijera: una que corte la exageración, la leyenda y las versiones simplificadas, pero también aquella que corta el reconocimiento que corresponde a quienes hicieron posible los acontecimientos. IGNACIO ALLENDE FUE MILITAR, CONSPIRADOR, ORGANIZADOR Y COMBATIENTE. NO FUE UNA FIGURA SECUNDARIA.
Fue uno de los protagonistas de la primera etapa de la insurgencia y murió por la causa que había contribuido a organizar. Por eso, al recordar el inicio de la Independencia, vale la pena mirar más allá de la ceremonia y regresar a la historia.
Porque una nación no se construye solamente pronunciando nombres. También se construye recordando a quienes hicieron posible aquello que hoy conmemoramos. Ignacio Allende no necesita que la historia le invente una gloria. Le basta con que la historia no lo olvide.
La pregunta no es por qué la presidenta olvidó a Allende —porque no tenemos elementos para afirmar que lo haya olvidado—, sino por qué decidió no pronunciar su nombre en una ceremonia donde sí tuvo espacio para incorporar otros nombres y otras reivindicaciones históricas.
¿Fue una decisión protocolaria? ¿Una renovación deliberada de la arenga? ¿Una cuestión de tiempo y selección? ¿O simplemente una decisión personal sobre qué personajes destacar?
LA RESPUESTA NO ESTÁ DOCUMENTADA.
Lo que sí está documentado es algo más importante: Ignacio Allende estuvo en el corazón de la conspiración de Querétaro, fue capitán de los Dragones de la Reina, participó en la organización militar de la insurgencia y murió fusilado en 1811.
Y existe una ironía histórica: el 15 de septiembre su nombre no fue pronunciado; el 16 de septiembre, la propia presidenta lo reconoció entre los hombres y mujeres que participaron en la conspiración que hizo posible la Independencia. ¿por qué Allende quedó fuera del Grito y dentro del discurso histórico del día siguiente?
Fuentes Bibliografías y periodística.
Presidencia de la República — Versión estenográfica del 216 aniversario del Grito de Independencia, 15 de septiembre de 2026.
Es la fuente primaria para comprobar exactamente qué nombres fueron pronunciados y cuáles no. La arenga incluyó a Hidalgo, Josefa Ortiz, Morelos, Leona Vicario, Vicente Guerrero, Gertrudis Bocanegra, Guadalupe Victoria y Antonia Nava, pero no a Allende.
Presidencia de la República — Desfile Cívico-Militar, 16 de septiembre de 2026.
Esta fuente es especialmente importante para su artículo: al día siguiente, la propia Presidenta identificó expresamente a Ignacio Allende como “capitán de los Dragones de la Reina” y lo incluyó entre los conspiradores de Querétaro. Además, el texto oficial recuerda a Hidalgo y Allende como protagonistas de aquella primera etapa insurgente.
Versión estenográfica del Desfile Cívico-Militar 2026
Excélsior, 17 de septiembre de 2026 — “Sheinbaum adelanta que habrá más cambios en las arengas del Grito de Independencia”.
Aporta un dato interesante para La Tijera: la Presidenta explicó que no podía incluir simultáneamente a Allende y Guadalupe Victoria por cuestiones de tiempo y que su intención fue mencionar a dos iniciadores y a dos insurgentes que continuaron la lucha después de Morelos





