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Aleysha es real

Aleysha tiene 19 años. Ha terminado sus 12 años de educación básica y media en una escuela pública y ahora, después de graduarse con honores y obtener una beca para sus estudios universitarios, manifiesta su sueño de ser escritora.

Todo parece ir de maravilla, para ella y para sus padres. Pero ahora la chica ha acudido a las autoridades educativas de su lugar de residencia para presentar una demanda inusual: acusa a las escuelas de negligencia: no sabe leer ni escribir…

Los funcionarios escolares declaran «seguimos profundamente comprometidos a satisfacer toda la gama de necesidades que nuestros estudiantes traen consigo cuando ingresan a nuestras escuelas, y a ayudarlos a alcanzar su máximo potencial». Sin duda, una hermosa declaración. La misma que suelen predicar los políticos y los directivos de todas las escuelas. Nadie duda de su buena intención. ¿Qué más pueden ofrecer, se trate de escuelas públicas o privadas?

Sin embargo, la realidad es demasiado terca: no se deja convencer con bellas palabras y buenas intenciones. Parece que Aleysha ha egresado de escuelas que no tienen la capacidad de cumplir tan hermosos sueños. Como los recursos, humanos, económicos, tecnológicos, no están repartidos por igual, la educación va a variar, como lo expresó un maestro, dependiendo del código postal. Y no solo de eso, sino además de la responsabilidad y compromiso que adquieren quienes fundan el colegio, de quienes desempeñan funciones de docentes o de directivos, y de quienes lideran los colectivos magisteriales.

La estudiante Aleysha y sus padres no engañaron a nadie. Su mamá dice que, cuando la niña tenía 5 años, se cambió de residencia buscando una escuela mejor. Pero nada. En primer año la pequeña no podía reconocer letras, sonidos y números. Se convirtió en «la niña mala». Y así siguió, señalada, sentenciada. Al llegar a sexto grado, las evaluaciones revelaron que apenas leía como una pequeña de kínder y de primer año. Fue encomendada a una profesora de educación especial. Peor: la chica fue acosada y hostigada, exhibida y menospreciada ante alumnos y maestros. En su último año, previo a graduarse, le recomendaron hacerse una prueba de dislexia. «Ya le habían diagnosticado previamente trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno negativista desafiante (TND), trastorno de ansiedad no especificado y trastorno de comunicación no especificado. Las nuevas pruebas revelaron que también tenía dislexia.

Aleysha no desistió. Al haberse graduado, y con honores, pudo inscribirse en una universidad  para estudiar políticas públicas… ¿Cómo lo hizo? Ella misma lo describe: utilizando la tecnología. Así rellenó la solicitud de ingreso y redactó un ensayo, obtuvo ayudas económicas y becas. «Aleysha dice que grababa todas sus clases en su teléfono móvil y luego reproducía todo lo que decían sus profesores. Utilizaba la herramienta de voz a texto de su portátil para buscar la definición de cada palabra y luego convertía ese texto en audio que pudiera entender. Una vez que entendía la tarea, decía la respuesta en voz alta, la convertía en texto y luego cortaba y pegaba las palabras en su tarea». Y muestra cómo utiliza la aplicación. «Escoge un pasaje de un libro, toma una imagen del mismo en su teléfono y luego reproduce el audio del teléfono leyéndoselo en voz alta. Cuando se le preguntó si podía leer el pasaje del libro, Aleysha dijo: “Es imposible. Veo palabras por todas partes… sin sentido”». Ingenio no le faltaba, sin duda…, aunque tenía que trabajar hasta la una o dos de la madrugada y levantarse a las 6 para ir a su universidad.

«Aleysha dice que va a emprender acciones legales porque los directores de las escuelas “no saben lo que hacen y no les importa”, y añade que quiere que rindan cuentas por lo que dice que le ocurrió. También está solicitando una indemnización por daños y perjuicios». «Soy una persona muy apasionada y me gusta aprender», dice. «La gente me quitó la oportunidad de aprender, y ahora estoy en la universidad y quiero aprovecharla. Porque esta es mi educación». «Aleysha dice que se siente triste porque no le enseñaron a leer y escribir. También dice que seguirá alzando la voz, porque cree que las escuelas de su ciudad pueden hacerlo mejor».

Su caso fue relatado por Sabrina Clay y Danny Freeman, en CNN, con el título «Se graduó del instituto con honores, pero no sabe leer ni escribir. Ahora presentó una demanda» (https://cnnespanol.cnn.com/2025/02/27).

Muy, pero muy triste y angustiante. Mas todavía podemos dormir tranquilos. Aunque Aleysha existe, es real, como dice mi nieto, no hay de qué preocuparse: Aleysha es ciudadana norteamericana.

Por estos andurriales también hay muchísimas Aleyshas, pero aquí no existen las denuncias.

grdgg@live.com.mx

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