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Algo más que un juego

En un torneo de invierno presencié una partida singular. El reloj concedía diez minutos por jugador y, frente al tablero, se enfrentaban dos edades: un niño de apenas ocho años, con las piezas blancas, y un joven de unos veinte, al mando de las negras.

Las primeras jugadas fueron rápidas, casi automáticas. Luego el juego se volvió cauteloso. En el medio juego la lucha era equilibrada, aunque fuera del tablero el contraste era evidente: el joven, rígido y concentrado; el niño, distraído en apariencia, moviendo la cabeza, rascándose las orejas, como si nada estuviera en juego.

Cuando el tiempo empezó a pesar, el niño sorprendió con un sacrificio de torre. El joven, desconfiado, lo rechazó. Poco después cayó un caballo, y tras unas cuantas jugadas el pequeño recuperó material y ventaja. El reloj castigó al adulto: la prisa lo traicionó y, en un error fatal, perdió la reina. El niño no dudó y cerró la partida.

Se dieron la mano. La lección fue clara: en el ajedrez, la edad importa menos que la imaginación y la calma.

Esa escena me llevó a recordar a dos Antonios fundamentales en mi vida: mi padre, Chaín Hassam, quien me enseñó a amar el ajedrez, y mi maestro de cuarto grado, Bargés Barba, quien en 1958 nos regalaba historias que unían pensamiento y asombro.

Una de ellas hablaba de un rey de la India que, aburrido, prometió recompensar a quien lograra alegrarlo. Un sabio le enseñó el ajedrez, y el rey, encantado, le ofreció cualquier recompensa. El sabio pidió un grano de trigo en el primer cuadro del tablero, el doble en el segundo, y así sucesivamente hasta completar los sesenta y cuatro.

La petición parecía humilde, pero los cálculos revelaron su grandeza: el total superaba los nueve mil trillones de granos de trigo, una cantidad tan descomunal que habría requerido miles de siglos de cosechas para reunirse.

Así, el ajedrez volvió a mostrarse como algo más que un juego: una lección de inteligencia, paciencia y matemáticas, capaz de sorprender tanto a reyes como a niños… y de permanecer viva en la memoria para siempre.

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