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Corrupción y la Paradoja de los Paladines

En la lucha contra la corrupción, a menudo encontramos una paradoja intrigante: aquellos que deberían ser los guardianes de la integridad y la justicia a veces se ven envueltos en actos corruptos. Los intelectuales y periodistas famosos, que deberían ser faros de honestidad, a veces se convierten en jueces y parte. En este artículo, exploraremos cómo esta paradoja se manifiesta y cómo afecta a la sociedad en su conjunto.

Si revisamos el dilema de la conciencia y la oligarquía corrupta ¿Cómo es posible que una persona consciente cometa un acto de corrupción? La respuesta radica en la complejidad de los motivos humanos. La corrupción no siempre es impulsada por la necesidad económica; a veces, es una cuestión de poder y privilegio. Imagina a alguien de la oligarquía corrupta, alguien que ha participado en prácticas deshonestas, ascendiendo al cargo de presidenta de un instituto anticorrupción. ¿Cómo puede la sociedad aceptar esto sin cuestionar su propia existencia?

Cuando se revelan estos casos aparece la defensa sorprendente de lo inexplicable. Cientos de personas salen en apoyo de la persona acusada, argumentando que no deberíamos divulgar datos personales o que el monto no es relevante. Pero lo cualitativo es crucial. ¿Cómo pueden los mismos individuos que han calumniado a otros sin pruebas ahora proteger a alguien cuya conducta es cuestionable?

La Legitimación de la Corrupción se puede encontrar en intelectuales, a menudo considerados independientes y críticos, que caen en esta práctica. Algunos, como Aguilar Camín o Krauze, han engañado a la sociedad al presentarse como defensores de la verdad mientras mantienen conexiones con la élite corrupta. Incluso aquellos que se autodenominan “neoliberales” como Zuckermann pueden estar involucrados en tejemanejes oscuros. La sociedad debe estar alerta y no permitir que estos intelectuales manipulen la percepción pública.

La corrupción no solo es un problema económico; también es un problema de actitud. Aquellos que actúan de manera deshonesta, cobrando pensiones indebidas o defendiendo lo indefendible, a menudo muestran prepotencia, clasismo y racismo. La sociedad debe reconocer estas actitudes y exigir responsabilidad.

En conclusión, la lucha contra la corrupción es una contribución vital para las nuevas generaciones. Debemos educar a los jóvenes sobre estos problemas y empoderarlos para que no caigan en las trampas de los paladines corruptos. La sociedad debe despertar y recordar que aún existe, y que la corrupción no debe ser tolerada. Solo entonces podremos construir un futuro más justo y transparente para todos. (fjchr 10/02/2024)

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