La vida es un viaje. Camelot.
Fin de semana caluroso. Había que partir a cita médica a Veracruz y pues ni hablar, persignarse y tomar la autopista de Capufe Orizaba-Fortín-Córdoba. Ida sin incidentes. Nada, tiempo normal, pronosticaban calor perrón, no como los de Tierra Blanca, pero arriba de los CR. También pronosticaban que llovería fuerte en Orizaba y yo mero, que tengo tiempo esperando las lluvias y que al dios Tláloc le pongo un muñeco de cabeza en mi jardín, me perdería de ese gran aguacero que siempre si llegó, como los aguaceros de mayo que, decían Los Bribones, tuvieron la culpa de todos mis males. La tromba llega por la Perla y aterriza en Orizaba, a veces inunda Circunvalación, es como si fuera nuestra Venecia un ratito.
Tiempo que se acerca el Mundial y ahora los Netflix nos atiborra con todas las estrellas, hay biografías desde Neymar, Ronaldinho, Messi, CR7, mi ídolo, y ayer mismo vi la del gran colombiano James Rodríguez, un muchacho que de abajo, como todos, va encumbrándose hasta ser el mejor de un Mundial y un Botín de Oro y el gol más hermoso de esa copa del Mundo, lo que le valió que Carlo Ancelotti se lo llevara al Real Madrid. Allá le vi jugar muchas veces en el Bernabéu, con su clase, tiempo estuvo en México en el Club León en 2025, luego marchó a Estados Unidos, como lo estuvo Ronaldinho en Querétaro y Sergio Ramos en Monterrey y Butragueño, creo en el Celaya y ahora Keylor Navas en Pumas. Puros picudos.
VERACRUZ Y BOCA
Son dos ciudades hermosas, hermanas, gobernadas por mujeres, gobernada por diferentes partidos, pero pujantes y vivas y con un calor del demonio, donde se antoja estar en las playas, sus plazas comerciales de buen movimiento, era jueves, nada del otro mundo, tomamos café el grupo de cuenqueños y familia en Don Justo de Plaza Américas, el gran negocio de Manolo Fernández. Después de componer el mundo y deshacerlo un poco, rumbo a la comida con doña Amada, en la Isla del Amor, dejamos saludos a Gustavo, el gran mesero que ese día descansaba, y después de comer una mojarra y unos cocteles, llegó el siempre amable vendedor de tamales y quesos y carnes, este hombre lleva quesos (aunque yo los consumo aquí con mi cuate Edgar Plauchú), y tamales de elotes y de masa de la Mixtequilla, lugar que es casi el paraíso, nadie hace los tamales de elote como en aquella zona.
Mientras en Orizaba caía el diluvio, un rico aguacero que moja el pasto, sirve a las cosechas, limpias banquetas y drenajes y la hace mucho más limpia de lo que es, la más limpia del mundo.
En esas estábamos en el regreso cuando me tocó mi síndrome, cuando me ataca la Ley de Murphy, esta ley es muy clara: “Todo lo que puede pasar va a pasar”.
Me toca muy seguido, si estoy en la cola de un cajero, cuando va mi turno de paga, o hay cambio de cajera o se acabó el rollo o se atoró la caja. Solo sonrió.
Si compro boleto de ADO, pierdo el ADO.
Si me subo al Tobogán de la montaña, vomito de lo mareado del vértigo.
Si salgo con lluvia todo abrigado, al minuto sale el sol.
Ese mal fario me persigue y vivo acostumbrado a él.
Cuento esto porque llegando a Yanga hubo un accidente y nos detuvimos una hora y media, Ley de Murphy en acción.











