Albert Camus: “la libertad no es una concesión del Estado, sino una conquista diaria y un acto de rebeldía”.
Hace algún tiempo en ese lugar, donde los bosques si se llenaban de odios y rencores y espinas, o sea aquel México lindo de los 70s, un presidente populista, de izquierda plena y pura, no comunista, aunque era amigo de Fidel y toda esa pandilla de dictadores, Luis Echeverría Álvarez, ejerció un mandato autoritario, allí en ese tiempo del PRI total solo los chicharrones de los presidentes tronaban. No había más poder humano del qué horas son señor, las que usted diga, señor presidente.
En aquel tiempo, como dirían los curas en misa, la televisión era el poder más duro para las críticas, más Televisa, que era un imperio dirigido por un hombre listo, Emilio ‘Tigre’ Azcárraga. Echeverría comenzó a purgar a los empresarios, como ahora lo hizo AMLO y su 4T. Nadie tenía el rating de Televisa. Pero nadie tampoco tenía el poder de la presidencia.
Estado y televisora se miraban y se iban de lado, como la canción de querido amigo.
Al iniciar Echeverría su gobierno en 1970 existían el Canal 8, Televisión Independiente de México, del grupo industrial Alfa de Monterrey, Canal 13, de Francisco Aguirre y Alejo Peralta y Telesistema Mexicano (conformado desde 1955 por los canales 2 Televimex de Emilio Azcárraga, 4 Televisión de México de Rómulo O’Farrill y 5 Televisión González Camarena), además del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional.
“Ya basta de manga ancha con la televisión. Es necesaria la acción oficial para controlar la calidad no solamente de los programas sino de los comerciales, que en su mayoría resultan vulgares y fomentan malos hábitos. Deben ponerse programas de tipo social e inclusive político para que el pueblo esté politizado y conozca sus derechos y obligaciones en lugar de proyectar los cortos importados que fomentan el uso de drogas”, decían los corifeos gobiernistas.
Tantas ganas le tenía a Televisa, que una vez mandó a un emisario a decirle al Tigre que, o le bajara un poco, o le retiraba la concesión. El Tigre le bajó un poco.
En aquel tiempo el estado concesionaba a las televisoras, hoy manejan un esquema diferente.
No pudo con Televisa, pero si se llevó a Excélsior de Julio Scherer, donde nació Proceso, pero esa es otra historia.
SHEINBAUM-TIO RICHIE
Ahora se renueva un capítulo de los golpeteos. TV Azteca, cuyo dueño es Ricardo Salinas Pliego, quien se ha convertido en un furioso crítico de la 4T y algunos lo quieren de candidato presidencial, tiene buen tiempo en sus noticieros, sobre todo ADN 40, que es el que veo, a mencionar todas las pillerías de Morena y del gobierno, entones apareció la presidenta Sheinbaum y les dijo en su mañanera a los oyentes: “¡No vean TV Azteca!”.
Y los de TV Azteca se purgaron y enfurecieron y le dieron una sanjuaniza todo el día de ayer, que a veces ya aburrían.
Pero así son los pleitos.
Un día después, al quejarse que se ataca la Libertad de Expresión, la presidenta dio sus argumentos: “No estoy ejerciendo el poder del Estado para censurar a una televisora”.
Y me recordó aquella vieja anécdota, cuando el presidente Carlos Salinas en gira, un empresario de los picudos y fuertes se le acercó a quejarse de que un medio periodístico lo estaba golpeteando.
El presidente le preguntó. “¿Qué periódico es?”
Cuando aquel reveló el nombre, Salinas alcanzó a decirle: “¡No lo leas!”.
Santo remedio.











