Situada en la ciudad suiza de Schaffausen, esta iglesia forma parte de la Abadía de Todos los Santos de la que ya hemos hablado en esta columna.



Su vasta estructura cuenta con tres naves de 70 m de largo cuyos techos están recubiertos de madera y con tres magníficos vitrales que dejan pasar una luz colorida. Si el visitante observa detenidamente las paredes, podrá descubrir en diversos sectores, vestigios de pinturas murales muy antiguas pues están fechadas entre 1330 y 1340.



El recorrido de la iglesia de Todos los Santos es una bonita manera de impregnarse del ambiente gótico de la época.
























