Tenía que llegar una mujer ejecutiva al Palacio de Gobierno de Veracruz para que alguien se ocupara de las condiciones en que se encontraba el edificio que, desde hace décadas, es la sede del Poder Ejecutivo y la casa de todos los veracruzanos.
Dice la experiencia que muchos funcionarios, cuando llegan a sus oficinas, lo primero que hacen es revisar la agenda del día, atender reuniones, resolver expedientes y despachar los asuntos propios de sus responsabilidades.
Pero la gobernadora Rocío Nahle García, desde el primer día que ingresó al Palacio, advirtió algo que durante años pareció pasar inadvertido para quienes ocuparon sus despachos: el grave deterioro de las instalaciones y las precarias condiciones en que trabajaban cientos de empleados de las distintas dependencias.
Y vaya que había cosas por atender.
Para empezar, un detalle que parece increíble en pleno siglo XXI: en todo el Palacio de Gobierno no había baños adecuados para las mujeres que laboraban en el edificio. Las trabajadoras tenían que salir a los restaurantes y comercios de los alrededores para solicitar que les permitieran utilizar sus sanitarios.
Una situación que, además de incómoda, resultaba indignante y evidenciaba el abandono de las condiciones más elementales de dignidad laboral.
Pero no era el único problema.
Las antiguas vigas de madera que sostienen parte de la estructura del edificio comenzaron a resentir el paso del tiempo. En algunas oficinas caían fragmentos de material del techo, mientras el personal trabajaba bajo el riesgo de que algún desprendimiento pudiera ocasionar un accidente.
También estaba el problema de las instalaciones eléctricas. Algunos funcionarios tuvieron que llevar sus propias computadoras porque no contaban con equipo suficiente, pero las deficiencias en el sistema eléctrico provocaban sobrecargas que terminaban dañando los aparatos.
Así se trabajaba en la sede del gobierno estatal, donde se supone que deberían existir las condiciones necesarias para atender los asuntos públicos.
Esta semana, durante nuestra asistencia a la conferencia de prensa de la gobernadora, Rocío Nahle tuvimos oportunidad de recorrer el Palacio de Gobierno ya remodelado y constatar que se trataba de una intervención más que necesaria.
En los pasillos saludamos a nuestro amigo José Manuel Pozos Castro, subsecretario de Gobierno, quien desde temprana hora mantiene las puertas de su despacho abiertas para atender a las numerosas comisiones de veracruzanos que acuden diariamente: sindicatos, campesinos, alcaldes, grupos artísticos y deportivos, entre muchos otros.
También encontramos a Arianna Guadalupe Ángeles Aguirre, presidenta municipal de San Andrés Tlalnelhuayocan, quien, como tantos otros alcaldes, acude a Palacio para gestionar y resolver asuntos de sus municipios.
La remodelación del edificio no es solamente una cuestión de pintura, pisos nuevos o fachadas recuperadas. Es, sobre todo, devolverle dignidad a un espacio donde trabajan servidores públicos y diariamente acuden ciudadanos a buscar soluciones.
Ahora el Palacio de Gobierno vuelve a tener el señorío y la presencia que corresponden a la casa de todos los veracruzanos.
Y quizá la lección sea sencilla: gobernar también significa mirar aquello que otros dejaron de ver.
Porque a veces, para descubrir que una casa necesita reparaciones urgentes, no hace falta revisar tantos expedientes.
Basta con abrir bien los ojos.




