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DE REGRESO EN MADRID (DIA 9)

Columna Acertijos de Gilberto Haz

Viajamos para cambiar no de lugar, sino de ideas. Camelot.

Una última vuelta a la Sagrada Familia y a preparar el regreso a Madrid, vimos la Barcelona de este año mundialista, donde el arquitecto de Dios se cubrió de gloria a años de su muerte. Un taxista nos lleva a la terminal Barcelona Sants, ambas, la de allí y la de Atocha están en reparación, totalmente con polvo y áreas cerradas, pero los trenes salen a tiempo y con su velocidad máxima, los AVE y los de Cercanías, también con la comodidad de estos nuevos trenes que, no hace mucho los árabes amigos del rey Juan Carlos Borbón le hicieron un gran pedido y ahora allá recorren terrenos arenosos, claro, le dieron al rey su propina creo que de 10 millones de euros, algo así, no me crean mucho, los árabes quieren al rey. Soy gente del riel y ahora mismo mi hermano Enrique me envía una foto de la terminal de trenes de Tierra Blanca, era de las pobres terminales, porque la de Orizaba es una belleza y en México hay muchísimas abandonadas ahora. La del pueblo era de madera toda, como las casas pobres, y arriba o lamina o algo que parece madera, ni siquiera la bella teja veracruzana, pero allí nos tocó ver correr a esos trenes y ver vender a las marchantas los huevos duros y las gordas y las enchiladas de mole y lo que se antojara. Tiempos de aquellos años que ahora recuerdo aquí admirando la gran terminal de los AVE, que de las redes de RENFE, los ferrocarriles españoles, recorren lo mismo las cercanías que lo más lejano.

Recuerdo una vez que en tiempos de Fidel Herrera Beltrán, gobernador, invitó a José María Aznar, que había sido presidente del gobierno de España y le encargó al doctor Manuel Lila de Arce su secretario de Salud, lo atendiera. Una de esas veces fui invitado a una comida, cuando platiqué un poco con Aznar me dijo que cuando era presidente, la gente en las provincias, cada que iba de gira, le pedían un AVE, un tren que los llevara a sus pueblos. No querían más obra para sus pueblos que un tren.

SER REDITUABLES

Pero a diferencia de lo que se hace en otros países, en México es mal planeado este sistema de construcción, por ejemplo, el tren maya es útil y transporta poca gente y pierde muchísimo dinero, mucho, un dato oficial es que el primer trimestre de 2026, el sistema ferroviario reportó una pérdida neta de 2,283 millones de pesos, que ponemos los contribuyentes. En España los trenes son un negocio, no tengo ni idea cuánto les dejan sus operaciones, pero estos trenes que vuelan casi a 310 kilómetros y que hoy, el de Barcelona nos traía a 169 kilómetros, con un precio de 105 euros el boleto, con cafetería y poder comer unas tapas o sándwiches, son una maravilla para los españoles. Abarrotada encontré la Sants de Barcelona y al llegar a Madrid, Atocha por ahí iba, y recordé a Joaquín Sabina, cuando le cantó: “Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”, y doble gusto encontrarla con el nombre de la gran periodista madrileña, Almudena Grandes.

Bajamos el equipaje, que allí mismo lo sube uno mismo, hay mucha seguridad, pasa uno las maletas por los rayos X, recordemos que en Atocha ya hubo un atentado hace años con muchos muertos y allí a un lado tienen el Memorial de aquella terrible y funesta fecha. Pero Madrid tiene vida, me gusta Barcelona pero me siento más cómodo en Madrid, quizá porque aquí me muevo en diferentes zonas como pez en el agua, y sé dónde venden de todo. Aun tomaré un tren más, porque llevamos a los nietos a conocer Toledo, la ciudad de las tres culturas, milenaria, porque quien viene a Madrid tiene que ir a Toledo, a fuerza, diría un jarocho. Lo haremos en tren, es económico, 40 euros y en 40 minutos te pone allá.

Ahí les cuento.

¿Turismo de clase mundial… o de frituras y gansitos?

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