Mientras la 4T define a sus candidatos a la gubernatura, donde el año que viene cambian todo el Congreso y varios gobernadores, en 19 mil cargos, cuando los vemos protestar y pregunté a un izquierdista, el por qué algunos protestan con la mano izquierda levantada, al Sí, Protesto. Pregunto a Google y me informa: ‘Levantar el puño o la mano izquierda (por lo general el puño en alto) es un símbolo histórico de resistencia, solidaridad y lucha contra la opresión’.
Pero otro radical me dice que los que protestan con el mano extendida izquierda son los auténticos comunistas, adoradores de Castro, Chávez, Maduro y amigos que les acompañan. Quieren vivir como comunistas pero en el capitalismo con billete.
Así se identifican, radicales como en los tiempos del killer Stalin.
Dios los cuide y proteja, porque Bush anda tras muchos de ellos.
Para cuando los lectores estén leyendo estas líneas, debo andar en el aeropuerto Jara de Veracruz buscando buenos vientos en el vuelo Veracruz-Reynosa, para aterrizar con bien y cuidados por Dios, y buscar a Silvia, nuestra amiga nos recoja para cruzar pecho a tierra por la que es la Franja de Gaza tamaulipeca, el cruce Reinosa-Mc Allen.
Voy a un pequeño viaje de escasos tres días, hace años que no me aparezco por allí, mi Visa anda rechinando de limpia, renovada por otros 10 años, que quien sabe si los viva.
Pero allí llegaremos a Dios Gracias, con dos de mis hijas y damas de compañía, entre ellas mi hermana Flor y Karina, y la nieta Marijo.
A Silvia y a Mirna, su compañera de taxi, les llevo su bolsa orizabeña de regalo, la de Orizaba Pueblo Mágico, un café de Cafiver y unas galletas de café, son como de la familia aunque las vemos de vez en cuando, porque ahora nos ha dado por ir mas España que a Mc Allen.
UN PUEBLO QUE HUELE A GALLETA
Recuerdo que allá anduve y andé hace unos 5 años, aquellos años de la pandemia. Allá me puse la fatídica vacuna Johnson and Johnson, que me creo un vértigo del carajo y aun medio vive conmigo.
Ir a Mercedes de entrada por salida, donde está su gran Outlet, un pueblo donde por única vez en tierras texanas vi enfrente de ese Mall una gran plantación de algodón, y me bajé como si estuviera en pueblos de Missouri a la pizca del algodón, allí hice una bolsita pequeña de algodón y me ahorré de ir con don Simi o a las Guadalajara, ese Outlet que huele a shopping, como el de Aguilar de Campoo en la Montaña Palentina, tierra de la familia de mi suegro (+), don Juan Diez Alonso, pueblo galletero donde elaboran la famosa galleta Gullón, que ya venden aquí en Veracruz en Cotsco y Rovianda en Orizaba, pueblo galletero que desde que vas bajando la colina de la montaña, comienza a oler a galleta, y entrando está una gran tienda de galletas y obligado una parada para comerlas, son riquísimas, búsquelas aquí en México.
Voy y vengo, diría Kamalucas, un filósofo de mi pueblo, en mis horas tranquilas de la noche llevo mi lap top y la desenfundo como John Wayne en las cantinas vaqueras, y trataré de escribir un poco de cómo huele esa frontera, porque a mí, como a Juan Gabriel: “También me gusta mucho siempre estar en la frontera”.
Venga, pues.




