La Venecia del siglo XVII era un hervidero de pasiones y de contrastes. A la par que aparecían obras artísticas de gran calidad, se vivía una crisis de riñas y conflictos. La situación política y moral no era nada saludable. Las luchas por el poder ensombrecían el clima social y la pobreza laceraba miles de hogares. Solo para mencionar un dato: en aquella bella isla había cuatro hospicios (hospitales, les llamaban), en donde se concentraban más de seis mil expósitos, niños y niñas que habían sido abandonados por sus padres y dejados a las puertas de esas instituciones caritativas. Simultáneamente, los venecianos vivían un notorio auge de artistas que merodeaban en busca de oportunidad para demostrar su genio y, al mismo tiempo, ganar algunas monedas para sobrevivir en aquel «mundo raro».

En el año 1678 nació en esa Venecia uno de los compositores más admirados y escuchados de toda la historia de la música: Antonio Vivaldi.
El Cura Rojo, así conocido por su flameante pelambrera, se ordenó sacerdote, pero solo ejerció un año aduciendo «enfermedad de pecho» (quizá, asma). Aunque conservó el título de abad, se dedicó exclusivamente a la música que se escuchaba asiduamente en los auditorios de esos hospicios y en las mansiones señoriales de las gentes encumbradas política, económica y socialmente.
Vivaldi era un músico muy especial. De carácter fuerte, voluble, tenaz, irritable y especialmente sensible, no solo componía excelentes obras, sino dedicaba muchas horas de su jornada diaria a la enseñanza. Durante unos 30 años fue Maestro de música (Director musical) del Ospedale della Pietà, donde vivían 300 huérfanas, muchas de ellas con defectos físicos y «voces de ángeles».
«Los músicos, se decía en ese tiempo, escriben un concierto el sábado, se interpreta el domingo y el lunes se mete en un baúl y se olvida». Tal era la urgencia de novedad entre el público. Repetir una obra era perder audiencia.
Vivaldi no fue ajeno a ese ritmo. Compuso unas 770 obras con una inspiración y creatividad impetuosas, sin imaginar que sus conciertos y óperas, ejecutados para las damas emperifolladas y los caballeros empolvados que iban a los auditorios a hacer vida social, con el tiempo serían disfrutados por grandes multitudes y se repetirían sin tregua en conciertos y grabaciones por todo el mundo.
La hermosa serie de los cuatro conciertos que integran Las Cuatro estaciones (opus 8), es la ilustración musical, verso a verso, de cuatro sonetos (presumiblemente, escritos por el mismo compositor), cada uno dedicado a la respectiva estación del año.
Estos son los primeros cuartetos de los cuatro sonetos, que corresponden a los primeros movimientos que conforman cada concierto.
El primer concierto es la primavera: Llega la primavera y los festejos,/los pájaros saludan con su canto,/las fuentes, al aliento de los céfiros/con dulce murmullo, fluyen en tanto.
El segundo concierto, el verano, empieza con este cuarteto de versos: En la dura estación del sol candente/flaquea el hombre, el rebaño y arde el pino./Cuando cantan el jilguero y el cuclillo/suma su voz la tórtola gimiente.
Para el otoño: Celebra el aldeano con bellos cantos/y danzas, el placer de la cosecha./Y del licor de Baco abusa tanto/que un sueño profundo al goce acecha.
El invierno: Helado y tiritando entre las nieves/y a merced del soplar del viento horrendo,/hay que agitar los pies cada momento/y aún así, castañean los dientes. (La traducción es de Marcela del Río, quien fue esposa de Hermilo Novelo, el mejor violinista de México).
El Cura Rojo está considerado uno de los cinco violinistas más famosos de la historia, junto con Niccolò Paganini, Jascha Heifetz, Yehudi Menuhin e Itzhak Perlman.
En el asilo de niñas, Antonio Vivaldi formó músicos hasta que se trasladó a Viena, en donde pasó el último año de su vida. Ni siquiera una cruz de madera señaló su tumba, y tuvieron que pasar más de cien años hasta que, gracias a la intuición de Juan Sebastián Bach, su encantadora música fuera reconocida.
(Imagen: Retrato de Antonio Vivaldi. “Historia general de la ciencia”, John Hawkins, Museo Municipal de Bolonia)




