Hay momentos en que la política deja de ser un asunto de discursos y se convierte en una cuestión de responsabilidad. El regreso a las aulas, después de un receso escolar los niños y niñas, así como los profesores@ estarán a la expectativa de un nuevo ciclo escolar.
Los anuncios de la Secretaria de Educación Pública que se vuelven noticias de la educación humanista de la nueva Escuela Mexicana, respecto a la obligatoriedad, el laicismo y la gratuidad (Art.3° Constitucional). Invita a formular una pregunta elemental: ¿En qué condiciones regresaran los alumnos y los maestros a las aulas?
Regresar la escuela no equivale a garantizar el derecho a la educación. Y mucho menos significa garantizar el derecho a una educación de calidad.
PRIMER BOTÓN: LA ESCUELA QUE SE SOSTIENE SOLA
Durante décadas, las comunidades escolares han suplido las deficiencias de los gobiernos. Los padres de familia han aportado recursos para sostener la Escuela Pública; para reparar aulas, sanitarios, puertas, ventanas, instalaciones eléctricas, compra de mobiliario, pupitres, escritorios, computadoras, impresoras, papelería, compra de productos de limpieza, mantenimiento de jardines y áreas verdes, pago del agua potable, etcétera.
Han reparado desperfectos que no pueden esperar meses a que llegue una partida presupuestal. Los Padres de familia y directores@, por su parte, han administrado recursos extraordinarios para resolver lo urgente. Así ha funcionado gran parte de la educación pública mexicana: con el esfuerzo silencioso de quienes están dentro de las escuelas.
Pero una cosa es la solidaridad y otra la sustitución de responsabilidades.
Las aportaciones voluntarias pueden existir; lo que no debe ocurrir es que se conviertan en el mecanismo mediante el cual las familias financien obligaciones ordinarias del Estado.
La educación pública es gratuita. Y la gratuidad no puede ser un discurso político, es una palabra constitucional que el Estado no puede evadir su compromiso y responsabilidad mientras la realidad obliga a los padres a pagar por aquello que la autoridad deja de atender.
SEGUNDO BOTÓN: EL DINERO DE LOS PADRES.
Hay otro asunto que debe discutirse sin ambigüedades: las aportaciones escolares. Si el Estado desde la plataforma de las “mañaneras del pueblo” sostiene que la educación pública es gratuita, debe garantizar los recursos indispensables para que los planteles funcionen dignamente.
Las asociaciones de padres de familia pueden organizar donaciones voluntarias, pero éstas no deben convertirse en contraprestación del servicio educativo. La diferencia no es semántica. Una cuota obligatoria condiciona. Una donación voluntaria coopera.
Y entre ambas existe una distancia jurídica y moral que las autoridades educativas deben respetar. Los recursos que aporten las familias, cuando existan, deben manejarse con transparencia, rendición de cuentas y participación de la comunidad escolar.
TERCER BOTON: LOS UNIFORMES Y UTILES ESCOLARES.
De acuerdo con el monitoreo de Profeco publicado el 27 de agosto, el conjunto básico de primaria para niña —falda, playera blanca y suéter— tiene un precio promedio nacional de 468.62 pesos; para niño —pantalón, playera blanca y suéter— el promedio es de 505.83 pesos. Habrá que agregar la ropa blanca interior, playeras y calcetas/calcetines.
A primera vista pueden parecer cantidades manejables. Pero la economía familiar no compra una sola prenda ni un solo cuaderno. Compra el conjunto completo y, en muchos hogares, lo hace para dos o tres estudiantes.
Así, una familia con dos hijos podría enfrentar un desembolso aproximado de 9 mil 600 a 20 mil pesos, si se toma como referencia el rango estimado por la Concanaco.
CUARTO BOTON: EL MAESTRO SU ROL EN EL NUEVO CICLO ESCOLAR.
El regreso a clases no consiste solamente en abrir las puertas de las escuelas y llenar nuevamente las aulas. Comienza, en realidad, con el encuentro entre el maestro y sus alumnos. Allí se juega buena parte del destino de la educación.
El ciclo escolar 2026-2027 coloca nuevamente al docente frente a una responsabilidad que ninguna reforma educativa puede eludir: enseñar, orientar y formar. Ya no basta con transmitir contenidos ni con cumplir mecánicamente un programa. El maestro debe ayudar al estudiante a comprender la realidad, formular preguntas y desarrollar un pensamiento propio.
La Nueva Escuela Mexicana ha colocado en el discurso educativo conceptos como comunidad, inclusión, pensamiento crítico y formación integral. El reto consiste ahora en convertir esas palabras en experiencias concretas dentro del aula. Ninguna transformación educativa será efectiva si no logra modificar lo que ocurre cotidianamente frente al pizarrón.
El docente conoce una realidad que las estadísticas no siempre alcanzan a describir. Recibe grupos diversos, con distintos ritmos de aprendizaje y diferentes circunstancias familiares y sociales. Por ello, enseñar exige algo más que conocimiento técnico: requiere sensibilidad, preparación, criterio y capacidad para adaptar la enseñanza al contexto.
A esa responsabilidad se suma un desafío nuevo: la tecnología. Los alumnos viven rodeados de teléfonos, plataformas digitales, redes sociales e inteligencia artificial. La escuela no puede ignorar ese mundo, pero tampoco puede rendirse ante él.
Pero tampoco sería justo cargar sobre el magisterio toda la responsabilidad de resolver los problemas educativos. Se requieren escuelas dignas, materiales, formación continua, acompañamiento institucional y reconocimiento a la profesión docente. Una reforma puede escribirse en un documento; la educación, en cambio, se construye todos los días en el aula.
Por eso el nuevo ciclo escolar debería ser también una oportunidad para recuperar el valor social del maestro.
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