En un video y una nota escueta, Elon Musk, señor cuya riqueza es inconmensurable y se dedica, entre otras cosas, a fabricar autos que caminan solos y colisionan igual que todos los demás, hizo dos temerarios pronósticos. El primero: en cuatro o cinco años ya no van a ser necesarios los médicos, pues sus hermosos robots podrán hacer diagnósticos y operaciones perfectos. «En el podcast Moonshots afirmó que, en tres años, los robots Optimus de Tesla van a superar a los mejores cirujanos humanos del planeta. Su frase fue clara: “No vayan a la escuela de medicina… es inútil”». Y todo gracias a la Inteligencia Artificial.
Según Musk, «esta evolución permitiría que millones de personas accedan a una atención médica de primer nivel, incluso superior a la que hoy reciben los pacientes con mayores recursos. También sostuvo que la IA transformará la formación profesional y cambiará la manera en que se ejerce la medicina» (https://www.instagram.com/p/DbnryjhlJpp/).
Las declaraciones no tardaron en provocar reacciones. Algunos consideran que la cirugía asistida por IA revolucionará la salud, otros recuerdan que la tecnología todavía está lejos de reemplazar completamente el criterio, la experiencia y la responsabilidad de un cirujano humano.
Es verdad que, de unos años para acá, los cirujanos ya operan con la técnica DaVinci, cuyas operaciones son, en verdad, de primer nivel. Esto es un hecho. Pero, ante este temerario anuncio, la comunidad médica respondió que «hay procedimientos que bordean el arte trauma, reconstrucción, quemaduras y que será casi imposible programarlos en años. Y el dato real: hasta hoy, cero demostraciones quirúrgicas públicas con Optimus».
El segundo anuncio es más sorprendente y atrevido. El señor de los autos automáticos, en una entrevista en el podcast del periodista Ashlee Vance, anuncia que «su compañía Neuralink espera lanzar en los próximos meses los primeros implantes de Blindsight, un chip cerebral diseñado para devolver la visión incluso a personas que han nacido completamente ciegas. “En vez de reparar el ojo o el nervio óptico dañado, el sistema busca enviar señales eléctricas directamente a la corteza visual, la parte del cerebro que se encarga de procesar las imágenes”». Y añade: «En los próximos seis a doce meses realizaremos los primeros implantes. Podremos escribir en la corteza visual y a largo plazo tendrás alta resolución, podrás ver longitudes de onda multiespectrales, ver infrarrojo, ultravioleta, radar. Es como una situación de ultrapoder».
Este raro (y peligroso aparato) tendrá una estructura funcionaria así:
«Una cámara o sensor externo capta la escena visual.
El implante traduce esa información en estímulos eléctricos.
Los estímulos activan directamente las neuronas de la corteza visual.
El cerebro interpreta esos estímulos como una manera de percepción visual».
La nota informativa añade que «La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) otorgó al proyecto Blindsight el estatus de “dispositivo innovador”, lo que acelera su proceso de creación, aunque esto no certifica que sea eficaz. Por lo tanto, será necesario aguardar los ensayos clínicos iniciales para saber si Neuralink logrará hacer realidad uno de los avances más ambiciosos de la medicina actual» (Nota de Kathryn Salomón Pereo).
Desde luego, es un anuncio esperanzador para quienes han nacido con la ausencia de visión y para quienes la han perdido por cualquier causa. De acuerdo. Esto es incuestionable. Pero:
Como sucede con tantas cosas, y muy especial y dolorosamente, en medicina, estos avances solo podrán ser aprovechados por los escasos, escasísimos clientes que tengan o lleguen a tener las cantidades estratosféricas que les cobrarán los sanatorios (y ni se diga, el voraz aumento que tendrán los seguros médicos). Asimismo, no podemos imaginar los beneficios de ver luces del espectro que abarquen ondas ultravioleta e infrarrojo… Por supuesto, habrá quien pueda costearse el aparatejo e instalárselo por el gusto de «contemplar» ondas de radio, de microondas, etc.
Además, ¿cuál será la utilidad de «ver» ondas de radar? ¿Cuál será el uso que den quienes han hecho con la tecnología bélica sus grandes capitales? Podemos imaginar soldados, con el dispositivo implantado, paseando por las calles y «viendo» ondas de radio, de radar; detectando sospechas, descubriendo intenciones, deleitándose con conversaciones, visualizando trayectoria de misiles, de satélites, de esos aviones raros que ahora burlan los radares. ¿Aparecerán entes con «superojos» que quieran apoderarse de la vida privada de los ciudadanos? ¿Y ojos espías que le digan al señor Musk y similares hacia dónde deben enfocar sus inversiones para lograr un mayor poder y lucro?
Conviene recordar que hay una especial responsabilidad que tiene la investigación científica. Un investigador del sector salud, y un empresario que lo financia no pueden obviar que su labor no es amoral, y que determinados experimentos pueden traer, aunque sea involuntariamente, consecuencias nefastas que favorezcan la manipulación, el abuso, la explotación y la violencia.
¿Estaremos viendo ya la acelerada aparición del transhumanismo que nos hará menos humanos y más máquinas?
















