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Aprobados o reprobados

Más pronto de lo que se creía, ya estamos viendo y comprobando las deficiencias que se están presentando en el sistema educativo.

Los comentarios y quejas de los maestros de las universidades, del bachillerato y, ahora, hasta de los docentes de secundaria, son cada día más acuciantes.

Siempre los maestros de un nivel superior se quejan de las deficiencias de los alumnos del nivel inmediato anterior. Es una cadena de responsabilidades que llega hasta la educación primaria.

Y hay mucha razón en ello. En los años de primaria se fincan muchas de las habilidades de aprendizaje que van a perdurar por el resto de la vida escolar. Porque la enseñanza de la lectoescritura, de la comprensión lectora, del lenguaje matemático y científico en general, parte de la primaria. Si esta falla, el andamiaje va a ser débil o hasta inexistente.

Leemos dos testimonios que, aunque sean de universidades norteamericanas, son claros y contundentes. Uno: «Los profesores de la Universidad de California están dando la alarma, advirtiendo que el engaño rampante de la IA ha dejado a los estudiantes entrantes luchando con las matemáticas básicas de la escuela media. Esta crisis se ha visto gravemente exacerbada por la adopción generalizada de los chatbots de IA, que los educadores sostienen que han alimentado la deshonestidad académica rampante e inflado los grados de los institutos, al tiempo que han afectado activamente el pensamiento crítico y el desarrollo cognitivo». Los que se oponen a las pruebas argumentan que los exámenes estandarizados favorecen desproporcionadamente a las familias ricas que pueden permitirse cursos de preparación caros. (Fuente: Landymore, F. (2026).

Otro: La académica de Oxford, Katherine Rundell, advirtió que el uso de inteligencia artificial (IA) permitirá a los estudiantes obtener títulos universitarios sin leer libros. Esto alerta sobre una crisis en los sistemas de evaluación tradicionales, incapaces de medir el aprendizaje real frente a la automatización de ensayos y tareas.

Por esto, instituciones de élite como MIT, Harvard y Yale han revertido recientemente sus políticas para aplicar evaluaciones que permitan cerrar esas brechas. (https://webdelmaestrocmf.com).

Volvemos, así, a una de las variables que resaltan en esta crisis: las evaluaciones.

En una universidad pedagógica se discutía si las pruebas estandarizadas, conocidas como exámenes de acierto y error, realmente medían la adquisición de conocimientos, habilidades y competencias (es decir, saber, saber pensar y saber hacer). Un maestro fue claro: las pruebas de acierto y error no sirven si se basan en adivinanzas. Fundamental de una buena prueba es que esté bien diseñada, y esto implica que haya un conocimiento a evaluar y también compruebe si se han alcanzado habilidades de razonamiento. Esto requiere de un trabajo muy atento y cuidadoso del maestro. No es preguntar y que solo se responda con una obviedad o al azar o con un tache. De este tipo de pruebas sobran los ejemplos…

Esta lección me sirvió para descubrir el trabajo realizado por el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, publicado en tres volúmenes titulados Evaluación por Competencias, evolución de las Pruebas de Estado. Allí se hace un estudio muy detallado y profundo de las formas de evaluar, especialmente en el diseño de las pruebas, desde 1964. Se insiste en que lo fundamental está en la relación entre evaluación y los currículos (perfiles, planes y programas, materias, métodos de enseñanza y aprendizaje, etc.): «Las pruebas de rendimiento académico recogen los planteamientos de estos, fundamentalmente porque son el parámetro común a partir del cual se deben diseñar las pruebas, cuyas preguntas se basan en los temas que alumnos y maestros deben desarrollar en el aula. Es decir, el currículo es el puente obligado entre las pruebas y lo que los alumnos adquieren o deben adquirir en la escuela» (III,17).

Se parte, pues, del currículo de cada tramo educativo. Evaluar por evaluar no tiene sentido si no está vinculado a un currículo. Y este debe estar diseñado de acuerdo a los conocimientos y habilidades y destrezas (describir, definir, analizar, comprender, aplicar, recordar, proponer, argumentar, interpretar, extrapolar, relacionar, deducir, comparar, etc.)  que el alumno debe adquirir para hacer frente a los requerimientos de la realidad local y mundial, actual y previsible, y no reducido a miras estrictamente doctrinarias o políticas.

De allí debe partir toda discusión sobre las evaluaciones y lo inherente a la promoción de los alumnos. Es decir, si el alumno debe pasar de grado no puede depender de lo que piense, crea o intuya un funcionario en particular, del nivel que sea. En el currículo escolar está la base y fundamento de todo el quehacer pedagógico. De ahí que sea el primer asunto a considerar y analizar y no cerrarse en el distractor de si debe o no debe haber alumnos reprobados como punto de partida para la práctica docente.

La pregunta es: ¿el currículo de la NEM garantiza que puedan hacerse evaluaciones que respondan si los alumnos están capacitados para enfrentar satisfactoriamente los retos de los nuevos saberes y nuevas tecnologías que ya nos están invadiendo?  

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