Don Quijote, derrotado? Sin duda el autor de esta hermosa y punzante pintura supo impregnar el lienzo de los más íntimos sentimientos de un noble caballero que, tras ser derribado de su montura por malandrines hechiceros, con la picardía de sus ojos está demostrando que nunca las vicisitudes de la vida han acabado con sus sueños de luchar por la libertad.

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Henares el 29 de septiembre de 1547. Son 479 años los que nos separan del tiempo en que vivió. Cuánto han cambiado las ideas, las costumbres, los sistemas, los ambientes desde aquellos tiempos en que la Edad Media había dejado abiertas las puertas al recio humanismo del Renacimiento.
Bien nos podría parecer que un escritor que vivió en aquella época poco o nada puede decirnos a nosotros, hombres del siglo XXI: hombres del espacio, de la técnica, de los rayos láser, de la desintegración del átomo, de la IA. Pero este hombre que tanto había sufrido, que tanto había combatido en perdidas batallas, que había sido herido, encarcelado, vendido como mercancía, envidiado, falsificado, se sienta al escritorio y, péndula en mano, arranca a su pensamiento las primicias de su fe, de su confianza en el hombre, de su intuición privilegiada, de lo que no cambia, de lo que no pasa, de lo que constituye el eterno presente del ser humano.
Y aparece el ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha, seguido por su inseparable compañero, Sancho Panza. Juntos recorren el mundo y los tiempos, reuniendo en un doble modelo toda la diversidad de los hombres: el caballero, elevado hacia los ideales, el escudero bien anclado en su realidad.
Bien pudo Cervantes intentar hacer con su libro una burla a las grandes historias de la andante caballería. Lo cierto es que lo realizado supera infinitamente lo planeado. Ha hecho una obra que muy justamente ha recibido el honor de ser considerada la mejor novela del mundo.
No es una obra de difícil lectura y solo para hombres sabios. No, es una obra que habla perfectamente el idioma universal, que goza el niño despertando su fantasía, sintiendo ser él mismo el valiente caballero que se ensaña contra los falsos caballeros, que vive en el castillo de los sueños y al que inquietan los cobardes encantadores. El adolescente vive las encarnaciones de sus ideales amorosos, la eterna Dulcinea, de quien «debe afirmarse que es bella cual ninguna y reina de la hermosura», muy a despecho de quienes insisten en verla para decidir después. Ellos también quieren el desencanto del amor, la concretización de sus sueños. El adulto podrá reír con las disparatadas idealizaciones del caballero andante. Pero solo con la primera lectura. En la segunda encontrará motivos de risa, y hasta de sabios pensamientos. Pero en la tercera y, más en las siguientes, en momentos de soledad y silencio, al pasar y repasar uno tras otro los episodios vividos por aquellos inolvidables héroes sentirá deslizarse por sus mejillas las amargas gotas de agudo dolor por los sueños frustrados y los golpes y burlas que el buen caballero, sensible, idealista, recibe injustamente y resiente al comprobar que sus anhelos han sufrido la derrota de groseros molinos de viento, de malhadados encantadores y de viles caballeros vestidos de espejos y verdes gabanes.
Las palabras tienen la virtud de construir nuevos hombres/ Los llevan, los guían, les dicen el camino…/ Pero las palabras siempre se van, se quedan vagando por el espacio,/ Se llevan los misterios de la tierra./ Tan solo permanece el hombre, que de su interior habrán de brotar/ Las bellas obras, las bellas flores, los bellos cantos…
(Rogelio Ramírez Herrera, El designio de Nicolás en Cascada de Mountain, Revista Cultura de VeracruZ, núm. 158, Julio-agosto 2026).
(Pintura: Después de la batalla, Jaime Sánchez Nava (2026). Colección privada)




