Poco que ver y poco que platicar, en martes, días de no te cases ni te embarques, partí a Veracruz a una visita médica. Temprano tomé la mugre autopista de Capufe, ahora sin ningún problema tiempo normal, hora y 40 y ya estábamos entrando por la parte norte, donde le dieron una manita de gato a esa entrada que parecía Irak bombardeada, atrás quedaron los días de las gotitas del petróleo, que hizo que el turismo nacional, según datos oficiales del gobierno federal, bajara en Veracruz, donde hace un año estuvo al 100 por ciento y ahora apenas llegó al 80 por ciento, la ocupación hotelera, aun con todo la gente disfrutó el calor y las playas,
No hables mal de tu camello, decía aquel chiste de harbanos, porque no lo podrás vender nunca, Jalil, le decía un paisa a otro.
Nosotros por igual, las bondades de Veracruz las tenemos que exaltar. Nada hay como los mariscos y los restaurantes de comidas y las plazas comerciales y el mar, que es bello como la mar veracruzana. Dos ciudades como hermanas, Boca del Rio y Veracruz.
Pasé por mi hermano Enrique, saludé a mi cuñada la Nena y a Javier, su hijo, y nos fuimos en busca de Fernando Pavón y José Luis Rico, el amigo que no es rico, un café en Don Justo de Plaza Américas, donde saludamos al arquitecto Sergio Gil, escritor famoso, decimero como Don Ruperto, padre del presidente de MC en Veracruz. Quedamos de vernos pronto en Notiver, donde lleva una tortilla española de campeonato.
APRETABA EL CALOR
Fui a Sanborns en una carrerita por el libro del gran Joserra, ‘El Protagonista’, poco leo ahora, me vence el sueño y la depre me trae atarantado, pero este hombre, admirado por mi mero, es una leyenda como lo fue Jacobo Zabludosvky , el padre de los comunicadores que triunfaron y le dieron nueva vida a los noticieros, todos ellos eran hijos de Jacobo. Pues José Ramón Fernández fue el papá de todos los comunicadores deportivos, todos, no hay uno que se salve, al menos los muy viejos como Mago Septién, Paco Malgesto, Fernando Marcos y aquella vieja camada, los nuevos todos pasaron por Canal 13 y de allí unos desertaron y fueron contratados por las cadenas deportivas, comenzaba la feria de las contrataciones y comenzaron a valorarse en buenos sueldos.
Todo eso se lo deben a Joserra.
La hija prologó el libro: “De niña, mi papá me contaba cuentos que no eran de hadas ni de princesas, sino que eran historias reales de campeones que conseguían hazañas impensables y que él las había vivido y contado a millones de personas. Sin embargo, la formación que me dio con sus relatos iba más allá. Siempre subrayaba que el esfuerzo, el sacrificio, la preparación, el amor a lo que uno hace son indispensables para cumplir sueños y convertirse en leyenda.”
Eso es José Ramón Fernández, una verdadera leyenda.
Durante décadas, José Ramón Fernández no solo narró el deporte, lo entendió y lo expuso como un espejo del poder, la corrupción y la injusticia. En estas memorias, el periodista que marcó un antes y un después en la televisión mexicana cuenta su historia: desde su infancia en Puebla, su formación intelectual y su despertar político en los años previos a 1968.
Luego, partimos a comer a Los Farolitos, el nuevo del bulevar, que tuvieron detenido las autoridades malosillas por una eternidad, pero que está listo atendiendo con buenas comidas, pero esa es otra historia.











