El futbol mueve al mundo. Camelot.
Desde que la familia Azcárraga, padre e hijo, los Emilio, controlaron el futbol mexicano y la Concacaf, la relación entre FIFA y México ha sido primordial. Primero con Joao Havelange, quien llamaba Don Cañedo a Guillermo Cañedo, que era un vicepresidente de FIFA, segundo de a bordo del Tigre Azcárraga. Ese par logró dos mundiales para México, el 70 y 86, los dos de la mano de esa dupla mexicana a quienes una vez Estados Unidos, que peleaba la sede, los enfrentó enviándoles a dos todo terrenos: Pele, el rey del futbol y Henry Kissinger, que era un halcón maloso, sino recuerden el golpe de Estado a Salvador Allende en Chile. El tercer Mundial fue el hijo, Emilio Azcárraga Jean.
Años iban y venían y Havelange como presidente de FIFA, y Blatter después, comían de la mano de Emilio Azcárraga en México. El Estadio Azteca, hoy Banorte, era su tarjeta de presentación. Estadio bello en el mundo, el único donde se han jugado tres mundiales, para que quede en la memoria histórica del futbol.
EL MUNDO ES UN BALON
Toco el tema porque el gran periodista Raymundo Riva Palacio, señaló el asunto de Infantino y la FIFA.
Infantino se metió en un embrollo cuando quería privatizar una parte de los juegos, las confederaciones se le fueron a la yugular y por poco lo derrocan. Pero México lo salvó, porque seguro Emilio Azcárraga dio la orden de que Concacaf lo apoyara y ahí abortó ese golpe de Estado futbolero.
Riva Palacio: “Desde que terminó el Mundial de Futbol, la vida de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se volvió una pesadilla. Un error, querer vender el 20% de la FIFA a un fondo de inversión privado sin decirle a nadie, detonó una guerra para destituirlo. Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacándolo sistemáticamente y movilizando refuerzos. Los últimos, un grupo de futbolistas estrella, leyendas y actuales, que pidieron su relevo porque “suficiente es suficiente.
La Federación Mexicana de Futbol, en una acción polémica y fuertemente criticada, se deslindó de la Concacaf, y respaldó el llamado que había hecho Infantino para defender la institucionalidad y gobernanza de la FIFA, con lo cual, deliberada o inopinadamente, frenó el golpe de Estado expedito.
Montagliani no podría entregar un bloque compacto en la votación contra Infantino. Al contrario, le abrió un boquete. Sin México, la Concacaf no tendría los ingresos que tiene. México aporta el 40% del PIB nominal de la confederación, 5% superior a lo que aporta Estados Unidos. Pero si se excluyera lo que genera el Tri en el mercado estadounidense, la participación de ese país caería, estiman, al 5%, y la de México subiría a 70%. Tras México, cuatro países del Caribe, miembros de la Concacaf, expresaron su apoyo a Infantino”.
O sea larga vida a Infantino.








