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CON JUAN MANUEL DIEZ

Columna Acertijos de Gilberto Haz

De Ricardo Garibay: “Lo que ve el que vive”. Camelot

De regreso ambos de un viaje, tanto el ex alcalde de Orizaba como Yo Mero, me reuní a una plática especial y dolorosa, él no estuvo aquí cuando falleció mi hijo Juan Carlos, y aparte del pésame le soltó unas lágrimas al sobrino bien querido y muy extrañado. De los viajes siempre se aprende, ex alcalde de Orizaba por 3 ocasiones, de Europa trajo esquemas turísticos en su tiempo para Orizaba, como lo es el trenecito santanderino, chipi-chipi, que en la misma Santander lo fabricaron y enviaron por barco y es todo un éxito turístico, además, con beneficios para los niños enfermos con cáncer. A sus 73 años, el alcalde tres veces de Orizaba en periodos no consecutivos, dejó una buena huella y estando en Santander, comentó que allá nadie “lo pelaba”, hasta que a los pocos minutos, como predicción, un orizabeño y su familia lo abordaron al grito de: ¡Emperador! El imperio era reconocido. Dos meses de viaje refresca la mente, regresa a meterle velocidad a sus empresas y cuidar de sus nietos y asesorar a sus hijos empresarios y a su hermano, Elías, que a ese ya no tiene que asesorar nada. Propietarios de agencias de automóviles, el mundo de las empresas ha sido su vida, desde que hace muchos años, su padre, don Juan Diez Alonso, quien llegó de Casavegas, al lado de su madre, originaria de Tehuacán, doña Matilde, crearon una familia de trabajo y empresas Fénix de éxito y al final, aquello lo transformó en un buen servidor público, al haber sido alcalde exitoso de Orizaba, por varias ocasiones. Luego les cuento más.

LA FABADA DE ASTURIAS

Un día antes de volar a México, tirando el último café en el Europa, con el amigo veracruzano, Rafael Fuster -quien vive allá en Madrid hace unos seis años-, me sorprendió con un regalo de un paquete de Fabada Asturiana. Solo de ver la caja se me antojó. Le di las gracias a Rafa y dije que me la comería en mi aldea. Lo curioso es que le quité el empaque y la dejé como lata sola, cuando pisé la aduana de México los Rayos X algo detectaron, me pidieron revisar lo que traía, aparte mis chones usados, abrí la maleta y les llamó la atención esa lata, le dije que era fabada asturiana y me la comería en casa. Si dudaban, la abría ahí mismo, aunque ya no me serviría para el camino. Tomaría otro vuelo poco después hacia Veracruz. Además, a México no le entra droga, de aquí se la mandan los narcos a todo el mundo, pero quién va a traer a México donde tienen laboratorios por todos lados. Ayer me la comí, Rosalía, mi cocinera consentida, la calentó bien y con un bolillo, vino no porque no tomo vino, me la comí riquísima. Le mandé un saludo a Rafa por WhatsApp. Y a comer se ha dicho.

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